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Mezquitas en Terrassa: Entre muros de hormigón y el mercadeo político

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Mezquitas en Terrassa: Entre muros de hormigón y el mercadeo político

laracheinfo

Amin iharchain

​Es indignante ver cómo cada vez que llega el mes de Ramadán, se desata una carrera frenética en una ciudad como Terrassa para recaudar cientos de miles de euros con el fin de comprar inmuebles bajo el nombre de “mezquitas”. Mientras tanto, la realidad plantea interrogantes legítimos que incomodan a muchos. Sabemos perfectamente que en nuestros barrios ya existen mezquitas operativas, y que la mayoría de los responsables de estas asociaciones no son simples voluntarios, sino personas profundamente vinculadas a la política y militantes de partidos tanto españoles como marroquíes. Tienen relaciones estrechas con altos cargos y personas influyentes dentro y fuera del Ayuntamiento de Terrassa. Si estos líderes tienen la capacidad de influir y acceder a grandes presupuestos y donantes institucionales, ¿por qué ignoran a esos responsables poderosos y recurren siempre al bolsillo del ciudadano humilde, a esa clase trabajadora que lucha día a día para llegar a fin de mes?
​Incluso el llamado “Iftar” (ruptura del ayuno), que se organiza en Ramadán, se ha desviado de su propósito religioso y humanitario. En lugar de abrir las mesas a los pobres y necesitados reales de nuestra comunidad, vemos cómo se han convertido en “banquetes políticos” a los que se invita a figuras partidistas y líderes asociativos. El objetivo no es la caridad, sino enviar un mensaje claro a las autoridades: “Nosotros somos quienes controlamos y representamos a los musulmanes”. Pero la amarga verdad es que ellos son los primeros en fragmentar a la comunidad mediante el amiguismo, las irregularidades y la conversión de los lugares de culto en “sedes electorales” y oficinas de mediación sospechosas que solo sirven a sus intereses personales, manipulando a todos en nombre de la religión.
​La paradoja más dolorosa surge cuando ese mismo ciudadano humilde llama a la puerta de la asociación pidiendo ayuda, ya sea por una emergencia social, legal o en momentos trágicos como la necesidad de costear un entierro. En ese momento, se encuentra con puertas cerradas o es engañado con promesas vacías. Estos gestores se han vuelto expertos en el “marketing inmobiliario”, pero han fracasado estrepitosamente en abrazar el sufrimiento de su gente. Una mezquita debe ser una institución que sirva al ser humano y alivie las cargas del exilio, no un proyecto de inversión financiado por el sudor de los pobres para que los políticos cosechen prestigio en las fotos oficiales. Basta ya de explotar el sentimiento religioso para levantar muros de hormigón, mientras el ser humano que supuestamente debe rezar en su interior es marginado y abandonado por quienes dicen representarlo.

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