Solidaridad “bajo pedido”? Las heridas de Alcazarquivir frente al poder asociativo en Cataluña

Solidaridad “bajo pedido”? Las heridas de Alcazarquivir frente al poder asociativo en Cataluña
laracheinfo
Amin iharchain
Mientras diversas zonas del norte de Marruecos sufren las consecuencias de las recientes inundaciones, la Unión de Comunidades Islámicas de Cataluña (UCIDCAT) ha emitido un comunicado de urgencia solicitando donaciones a la comunidad marroquí en España. Sin embargo, el hecho de que el llamamiento se centre de forma exclusiva en la ciudad de Alcazarquivir —alegando más de 130.000 damnificados— abre un debate necesario sobre los criterios de selección. Mientras aldeas remotas en las montañas de Chauen o Uezán padecen un aislamiento letal, la “brújula solidaria” de la Unión parece haberse detenido en Alcazarquivir, impulsada por la vinculación geográfica de su presidencia y de ciertos responsables que velan por el ámbito religioso en Cataluña. Esta exclusividad plantea una duda razonable: ¿estamos ante una carrera contrarreloj para consolidar el poder de quienes dirigen estas instituciones mediante una exhibición de “músculo humanitario” en sus feudos de origen, o quizás ante una agenda para captar simpatía local con fines partidistas?
Desde el punto de vista organizativo, la Unión ha desplegado una maniobra legalmente astuta al canalizar las donaciones a través de la fundación Muslim Relief en lugar de sus propias cuentas como federación religiosa. Este movimiento busca cumplir con la Ley 50/2002 de Fundaciones en España, la cual exige que cualquier entidad que capte fondos para fines de interés general se someta a auditorías y protectorados estrictos. No obstante, esta estructura también actúa como un escudo institucional. Aunque la ley busca garantizar la transparencia en la cooperación internacional, cuando la ayuda se tiñe de “clientelismo geográfico” bajo la influencia directa de directivos de la Unión, la línea entre la solidaridad y el uso de beneficios fiscales para alimentar redes de influencia personal se vuelve peligrosamente delgada.
En definitiva, este cruce entre la acción humanitaria y las lealtades territoriales o políticas pone en entredicho la credibilidad del tejido asociativo. Es imperativo que tanto las autoridades españolas como las marroquíes verifiquen que estas donaciones no se utilicen como pantalla para financiar intereses personales o “lobbies” transfronterizos. Proteger la caridad de los intereses individuales es la única garantía para mantener la confianza de la diáspora; de lo contrario, estas iniciativas no serán más que una herramienta de “rentismo asociativo” que se alimenta del sufrimiento de los marginados en las aldeas olvidadas para blindar los cargos de los responsables en sus despachos de Cataluña.
