Ceuta y Melilla son marroquíes… La visita del Rey de España no borra la memoria colonial ni puede conferir una nueva legitimidad a la historia

LARACHE INFO
Ceuta y Melilla son marroquíes… La visita del Rey de España no borra la memoria colonial ni puede conferir una nueva legitimidad a la historia
Del orgullo de pertenecer a Marruecos, reafirmado en el Discurso Real, a las heridas de la colonización española en el norte y el sur del Reino: una reflexión patriótica sobre la visita de Felipe VI a los dos enclaves ocupados y un llamamiento a cerrar definitivamente los últimos capítulos del pasado colonial para construir unas relaciones hispano-marroquíes basadas en la soberanía, la dignidad y el respeto mutuo.
Por: Mohammed Aabidou
I. El Discurso Real: el orgullo de ser marroquí no es un eslogan, sino una responsabilidad ante la Patria y la Historia
En un contexto nacional e internacional particularmente delicado, el Discurso pronunciado por Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista y glorifique, el viernes 9 de octubre de 2026, con motivo de la apertura del nuevo año legislativo, vino a reafirmar la esencia de la identidad nacional marroquí, la profundidad histórica y civilizatoria del Reino, así como el carácter fundamental del apego a la Patria.
Sentirse orgulloso de pertenecer a Marruecos no puede reducirse a un sentimiento pasajero. Constituye una responsabilidad nacional, moral e histórica que las generaciones se transmiten como un legado sagrado.
Su Majestad el Rey recordó aquella memorable declaración pronunciada ante el Parlamento en 2014:
«El sentimiento más querido para mi corazón, en mi vida, es el orgullo de ser marroquí».
Un sentimiento que el paso de los años no hace sino fortalecer y arraigar aún más profundamente.
Estas palabras resumen, por sí solas, toda una filosofía de Nación. Expresan el profundo vínculo que une a un Soberano con su pueblo, a una Nación con su Historia y a un Estado con su soberanía y su proyección civilizatoria.
Porque el orgullo de ser marroquí no consiste únicamente en celebrar las glorias del pasado. Implica también el deber de proteger el presente y construir el futuro.
No significa encerrarse en uno mismo, sino abrirse al mundo desde la dignidad, la igualdad, la confianza en las propias capacidades y el respeto mutuo.
Como ciudadano marroquí, considero que este mensaje Real constituye un fundamento intelectual, moral y patriótico esencial para abordar las grandes cuestiones relacionadas con nuestra memoria colectiva, nuestra soberanía y los intereses superiores del Reino.
Entre estas cuestiones ocupa un lugar destacado la de las ciudades marroquíes ocupadas de Ceuta y Melilla, así como la de las islas y demás enclaves que permanecen bajo control español.
¿Cómo podría un marroquí profundamente vinculado a su Patria, consciente de los sacrificios realizados por sus antepasados en defensa de la libertad y la independencia, no experimentar una profunda amargura histórica al contemplar cómo el Rey de España se dispone a visitar dos ciudades marroquíes que siguen siendo, en nuestra conciencia nacional, testigos de una época colonial cuyas últimas páginas todavía no se han cerrado?
No escribimos hoy movidos por la hostilidad hacia España ni hacia su pueblo.
Escribimos por fidelidad a Marruecos, por respeto a su Historia y por la convicción de que unas relaciones internacionales verdaderamente justas no pueden construirse exigiendo a los pueblos que renuncien a su memoria o abandonen sus reivindicaciones históricas.
II. La visita de Felipe VI: cuando el protocolo real pretende consagrar un hecho colonial consumado
Las autoridades españolas se disponen a organizar una visita oficial del Rey Felipe VI, acompañado de la Reina Letizia, a Ceuta el martes 13 de octubre de 2026, donde los monarcas tienen previsto pernoctar, antes de desplazarse a Melilla el miércoles 14 de octubre.
El programa anunciado incluye, entre otras actividades, encuentros con las autoridades locales, recepciones oficiales, actos educativos y sociales, así como una visita al cementerio musulmán de Sidi Mbarek, en Ceuta, para rendir homenaje a las víctimas de los recientes acontecimientos migratorios.
Esta visita reviste una especial dimensión simbólica, puesto que constituye el primer desplazamiento de Felipe VI a ambas ciudades en su condición de Rey de España, después de la visita realizada por su predecesor, Juan Carlos, acompañado de la Reina Sofía, en noviembre de 2007, que provocó entonces una crisis diplomática con Marruecos.
Sin embargo, lo que Madrid presenta como una simple visita de carácter interno constituye, a mis ojos de ciudadano marroquí, un acontecimiento político de extrema sensibilidad.
Su significado simbólico puede interpretarse como un intento de reafirmar el control español sobre una tierra profundamente vinculada a Marruecos por la Historia, la geografía y la civilización.
Por tanto, la visita del Monarca español no es una simple fotografía oficial ni una actividad protocolaria ordinaria.
Es un mensaje político.
El hecho de pernoctar en Ceuta tampoco constituye un detalle organizativo carente de significado. Puede entenderse como una voluntad de hacer visible la presencia de la institución monárquica española en ambas ciudades.
Pero la Historia no se reescribe mediante ceremonias de bienvenida.
Las visitas oficiales no bastan para zanjar una cuestión de soberanía profundamente arraigada en la conciencia nacional marroquí.
Y las banderas izadas sobre los edificios administrativos no pueden borrar la memoria de un pueblo ni anular sus reivindicaciones históricas.
La repetición de las visitas no convierte una injusticia histórica en justicia. Y la duración de una dominación no puede justificar que se exija a los marroquíes renunciar a su memoria nacional.
III. La colonización española del norte de Marruecos: una memoria de sangre, resistencia y dignidad
Resulta imposible comprender la sensibilidad marroquí ante la visita del Rey de España a Ceuta y Melilla sin remontarse a la historia de la colonización española del norte del Reino.
Ceuta, que cayó bajo dominación portuguesa en 1415 antes de pasar a la Corona española, y Melilla, ocupada por España en 1497, encarnan en la memoria marroquí la continuidad histórica de la expansión europea sobre las costas del Reino.
Esta expansión no se limitó a ambas ciudades.
Con la instauración del régimen del Protectorado en 1912, extensos territorios del norte de Marruecos quedaron sometidos a la administración colonial española. Sus poblaciones conocieron varias décadas de resistencia, sufrimiento y privaciones.
La Historia conserva las páginas gloriosas de la resistencia marroquí, especialmente la encabezada por el jerife Mohammed Amezián, seguida de la epopeya heroica dirigida por el gran resistente Mohammed Ben Abdelkrim El Jattabi, quien convirtió las regiones de Yebala y el Rif en símbolos de dignidad nacional y rechazo de la sumisión colonial.
Tampoco es posible evocar aquel período sin recordar la batalla de Annual de 1921, que constituyó un punto de inflexión fundamental en la historia de la resistencia marroquí frente a la expansión colonial española.
¿Cómo olvidar, además, las tragedias humanas provocadas por la guerra del Rif, particularmente el empleo de armas químicas por parte de las fuerzas coloniales españolas?
Esta dolorosa página de la Historia sigue reclamando hoy un profundo trabajo de investigación, reconocimiento moral y justicia histórica.
El Rif y la tierra de Yebala no fueron simples escenarios de operaciones militares.
Fueron auténticas escuelas de patriotismo que enseñaron al mundo que un pueblo puede carecer de superioridad militar, pero jamás de su derecho a la libertad y a la dignidad.
Hoy, al evocar la visita del Rey de España a Ceuta y Melilla, inclinamos también la cabeza ante la memoria de los resistentes que se enfrentaron a la colonización en las regiones de Yebala y el Rif, en Tetuán, Alhucemas, Nador, Chauen y en todo el norte marroquí.
Los resistentes abandonaron este mundo, pero su mensaje permanece vivo.
Un mensaje según el cual la Patria no es una mercancía que pueda venderse, ni una tierra que pueda olvidarse, ni una memoria que el paso del tiempo consiga borrar.
IV. El sur de Marruecos: otra página de la colonización española que resulta imposible olvidar
Hablar del pasado colonial español sin recordar el sur de Marruecos equivaldría a presentar una historia incompleta.
Porque la dominación española no se limitó a las regiones septentrionales del Reino. También se extendió sobre vastos territorios del sur, dejando profundas heridas en la memoria nacional.
La región de Tarfaya, sometida a la administración española, no fue retrocedida al Reino de Marruecos hasta 1958, dos años después de su independencia.
Marruecos recuperó igualmente Sidi Ifni en 1969, tras largos años de lucha nacional y esfuerzos políticos y diplomáticos.
En cuanto al Sáhara marroquí, permaneció bajo colonización española hasta que la gloriosa Marcha Verde de 1975 marcó un giro histórico decisivo en el proceso de su recuperación por Marruecos.
Concebida por el difunto Su Majestad el Rey Hassan II, que Dios tenga en su gloria, la Marcha Verde fue la expresión de un extraordinario genio nacional, al convertir la movilización popular pacífica en un instrumento de defensa de la integridad territorial.
Cientos de miles de marroquíes marcharon entonces portando el Sagrado Corán y la bandera nacional para recordar al mundo que el vínculo que une a Marruecos con su Sáhara no se limita a una relación política, sino que se inscribe en una continuidad histórica, espiritual y nacional profundamente arraigada.
Así, la memoria marroquí no considera la colonización española como un episodio aislado en el norte del Reino.
La contempla como un proceso histórico que se extendió desde las costas mediterráneas hasta el océano Atlántico, desde el Rif hasta Tarfaya, desde Sidi Ifni hasta el Sáhara.
Marruecos recuperó su independencia, recobró Tarfaya y Sidi Ifni y continuó consolidando su integridad territorial en su Sáhara.
Pero la cuestión de Ceuta, Melilla y las demás islas y enclaves ocupados sigue constituyendo, para nosotros, una herida histórica abierta.
Si España abandonó extensos territorios marroquíes, ¿por qué deberían los marroquíes aceptar indefinidamente el mantenimiento de su control sobre Ceuta y Melilla?
La Historia, que ha visto finalizar la presencia colonial española en distintas regiones de Marruecos, nos invita hoy a plantear nuevamente la cuestión de lo que todavía subsiste de aquella herencia.
V. ¿Por qué nos negamos a justificar la ocupación mediante argumentos políticos, económicos o geográficos?
España presenta Ceuta y Melilla como dos ciudades dotadas de un estatuto constitucional y administrativo dentro del Estado español.
Fundamenta su posición en la antigüedad de su presencia y en su propio ordenamiento jurídico.
Sin embargo, como ciudadano marroquí profundamente comprometido con la soberanía de mi país, me niego a considerar estos argumentos como una justificación moral o histórica que permita cerrar definitivamente el debate sobre ambas ciudades.
La geografía es inequívoca: Ceuta y Melilla se encuentran en la costa septentrional del continente africano, directamente vinculadas al espacio territorial marroquí.
La Historia resulta igualmente elocuente: la toma de control europea de los enclaves marroquíes se inscribe en distintas fases de expansión militar y colonial. No fue, en modo alguno, el resultado de un libre consenso nacional marroquí.
En el plano económico, la creación de instituciones, puertos, zonas comerciales e infraestructuras, por antigua que sea, no puede constituir por sí sola una fuente de legitimidad histórica ni privar a los pueblos del derecho a interrogar el pasado.
En los planos social y civilizatorio, la presencia de la comunidad marroquí y musulmana, así como los vínculos familiares, culturales, lingüísticos y religiosos que unen ambas ciudades con su entorno marroquí, dan testimonio de profundas relaciones humanas que las fronteras políticas jamás han conseguido romper.
No negamos en absoluto la existencia de poblaciones de nacionalidad española en estas ciudades.
No llamamos, bajo ninguna circunstancia, a atentar contra sus derechos, su dignidad o sus bienes.
Por el contrario, cualquier solución histórica justa deberá garantizar la protección de todos los habitantes, respetando sus derechos fundamentales y su diversidad religiosa y cultural.
Pero respetar a los seres humanos es una cosa; convertir una situación existente en una verdad histórica indiscutible es otra muy distinta.
A mi juicio, España no dispone de justificación moral alguna derivada de su pasado colonial que le permita exigir a Marruecos el abandono definitivo de la cuestión de Ceuta y Melilla.
La justicia histórica no se mide por el poder de quien controla un territorio, sino por su capacidad para afrontar valientemente los interrogantes que plantea la Historia.
VI. Migración y relaciones hispano-marroquíes: Marruecos no es el guardián de las fronteras de Europa
Uno de los principales desafíos que plantea el reciente Discurso Real reside en la necesidad de repensar la naturaleza de la cooperación internacional en materia migratoria, especialmente en el marco de la asociación entre Marruecos y España.
Desde hace muchos años, Marruecos realiza una contribución considerable a la gestión de los flujos migratorios, a la lucha contra las redes de trata de seres humanos y al fortalecimiento de la seguridad y la estabilidad en ambas orillas del Mediterráneo.
Sin embargo, esta contribución no significa en absoluto que nuestro país deba asumir, en lugar de Europa, la totalidad de las cargas de seguridad, humanitarias y económicas relacionadas con la migración.
Tampoco puede permitir que la cooperación migratoria se convierta en un instrumento de presión política.
Marruecos es un Estado soberano, un socio estratégico de pleno derecho y no una simple zona de contención entre el continente africano y la Unión Europea.
Desde esta perspectiva, la visión Real que invita a superar las limitaciones del actual modelo de cooperación abre, según nuestro análisis, el camino hacia una nueva concepción de la asociación, basada en la igualdad, la responsabilidad compartida y el respeto mutuo.
Si España desea verdaderamente profundizar sus relaciones con Marruecos, debe comprender que una asociación auténtica no puede ser selectiva.
No puede existir, por un lado, una cooperación privilegiada en materia de seguridad y economía cuando están en juego los intereses españoles y, por otro, indiferencia hacia las sensibilidades marroquíes cuando se trata de memoria y soberanía.
Deseamos una cooperación hispano-marroquí sólida, pero una cooperación que respete plenamente el lugar que corresponde a Marruecos, reconozca su papel regional y haga prevalecer la dignidad humana sobre los cálculos coyunturales.
VII. El cementerio musulmán de Ceuta: que la tragedia de los migrantes no sirva de cobertura a mensajes políticos
El programa de la visita del Rey Felipe VI y de la Reina Letizia contempla una parada en el cementerio musulmán de Sidi Mbarek, en Ceuta, para rendir homenaje a las víctimas de los acontecimientos migratorios ocurridos el pasado mes de julio.
Fieles a nuestro compromiso con los valores de la fraternidad humana, respetamos toda iniciativa sincera destinada a honrar la memoria de las víctimas y nos inclinamos ante el recuerdo de quienes perdieron la vida buscando un futuro mejor.
Pero rechazamos que las tragedias humanas queden reducidas a ceremonias protocolarias que concluyen con la partida de las delegaciones oficiales.
Tenemos derecho a preguntarnos:
¿Qué quedará después de depositar las coronas de flores?
¿Qué quedará después de las palabras de compasión?
¿Conducirá esta ceremonia a una verdadera revisión de las políticas que convierten el mar y las fronteras en cementerios de los sueños de la juventud?
Un ser humano que pierde la vida en las rutas migratorias no es una simple cifra en un registro de seguridad.
Es el hijo de una familia, portador de una esperanza, una vida y una dignidad que merecen respeto.
Resulta profundamente paradójico que se organice una ceremonia de homenaje a las víctimas en una ciudad cuya situación histórica y política sigue siendo motivo de divergencia entre Marruecos y España, sin que esta ocasión permita abrir un diálogo más amplio sobre las causas profundas de las crisis humanitarias y fronterizas.
El respeto debido a los muertos debe ir acompañado del respeto que debemos a los vivos.
La compasión no puede separarse de la justicia.
VIII. Regionalización avanzada y desarrollo del norte de Marruecos: la respuesta patriótica más contundente consiste en construir un Marruecos próspero
El Discurso Real subrayó la importancia del desarrollo económico y social, del fortalecimiento de la justicia territorial y de la aceleración de las grandes reformas, con el objetivo de convertir la nueva legislatura en una etapa marcada por los resultados y la responsabilidad.
Estas Altas Orientaciones revisten una especial importancia estratégica para el norte de Marruecos, particularmente para los territorios vecinos de Ceuta y Melilla.
La defensa de las grandes causas nacionales no se lleva a cabo únicamente mediante declaraciones, artículos de prensa o manifestaciones.
También exige construir una economía fuerte, crear empleo, mejorar los servicios públicos y desarrollar las infraestructuras.
Fnideq, M’diq, Tetuán, Nador, Alhucemas, Tánger, Larache, Chauen y las demás ciudades del norte necesitan un modelo de desarrollo integrado que permita al ciudadano marroquí convertirse en un verdadero protagonista de la creación de riqueza y de la consolidación de la estabilidad.
Tenemos el deber de transformar las zonas fronterizas, en ocasiones debilitadas por su dependencia de determinadas actividades económicas, en auténticos polos de producción, inversión, comercio, turismo e industria.
Cada proyecto de desarrollo culminado con éxito en el norte de Marruecos fortalece al Reino.
Cada puesto de trabajo creado para la juventud contribuye a consolidar la cohesión social.
Cada avance en materia de justicia social y territorial representa un pilar adicional de nuestra soberanía nacional.
Un Marruecos dotado de instituciones sólidas, una economía productiva y una sociedad solidaria estará siempre mejor preparado para defender sus intereses históricos y dialogar con sus socios desde la confianza y la igualdad.
IX. El pueblo español no es nuestro enemigo… Pero el colonialismo no puede constituir el fundamento de la amistad
Deseo afirmar, con toda la claridad necesaria, que nuestra oposición al mantenimiento del control español sobre Ceuta y Melilla no constituye, bajo ningún concepto, una actitud hostil hacia el pueblo español.
Respetamos a ese pueblo.
Valoramos los vínculos humanos, culturales y civilizatorios que nos unen a él.
Creemos profundamente que el futuro de Marruecos y España debe ser un futuro de cooperación, paz y prosperidad compartida.
Pero la amistad entre los pueblos no significa guardar silencio ante las injusticias históricas.
La tolerancia no significa renunciar a los derechos.
Y la fraternidad humana no puede consistir en exigir a las naciones que olviden su Historia o renuncien a su dignidad.
España, que ha sabido construir un sistema democrático moderno y convertirse en un actor importante dentro de la Unión Europea, está hoy llamada a demostrar el coraje político y moral necesario para revisar su pasado colonial en Marruecos.
Los intelectuales, historiadores, académicos y defensores españoles de los derechos humanos están igualmente invitados a participar en un diálogo franco sobre ese pasado, lejos de los discursos nacionalistas exacerbados.
No pedimos reproducir los conflictos de siglos anteriores.
Pedimos, sencillamente, que las consecuencias de aquellos conflictos no se transformen en realidades impuestas, sustraídas a cualquier discusión.
Queremos una España vecina, amiga y socia, y no un Estado que siga considerando determinadas páginas de su pasado colonial como verdades definitivas que Marruecos no tendría derecho a cuestionar.
X. Del rechazo patriótico a la iniciativa histórica: ¿qué debemos emprender?
La expresión de nuestra oposición a la visita real española, por firme que sea, no debe constituir el punto final de nuestra posición nacional.
Debe marcar, por el contrario, el comienzo de una reflexión seria encaminada a transformar la memoria histórica en un proyecto político, cultural y diplomático coherente.
Desde esta perspectiva, propongo las siguientes iniciativas:
1. Elaborar un expediente histórico nacional completo dedicado a Ceuta, Melilla y las demás islas y enclaves ocupados.
Este trabajo debería reunir a historiadores, geógrafos y especialistas en Derecho internacional, apoyándose en archivos, mapas, tratados y estudios científicos, con el objetivo de presentar la interpretación histórica marroquí con rigor y método, desde una perspectiva de difusión internacional.
2. Poner en marcha una iniciativa marroquí dedicada al examen crítico del pasado colonial español en el norte y el sur del Reino.
Debería abordar especialmente la guerra del Rif, el empleo de armas químicas, las consecuencias económicas y sociales de la colonización, así como la historia de la resistencia nacional en el norte, Tarfaya, Sidi Ifni y el Sáhara marroquí.
3. Llamar a la apertura de un diálogo político y diplomático sobre el futuro de Ceuta y Melilla.
Un diálogo pacífico y responsable que tenga en consideración las reivindicaciones históricas marroquíes, garantice los derechos fundamentales de todos los habitantes y busque perspectivas justas, lejos de cualquier lógica de hechos consumados.
4. Crear un Foro Hispano-Marroquí de la Memoria Histórica y la Reconciliación.
Este Foro reuniría a personalidades académicas, culturales, asociativas y defensoras de los derechos humanos de ambos países, con el fin de liberar el debate histórico de los cálculos coyunturales y construir puentes de entendimiento sin renunciar a las convicciones nacionales.
5. Reforzar la presencia de la historia de la resistencia contra la colonización española en las iniciativas culturales y educativas.
Debería prestarse especial atención a la memoria del Rif y de Yebala, a la resistencia en el norte de Marruecos, a la historia de la recuperación de Tarfaya y Sidi Ifni, así como a la gloriosa Marcha Verde.
6. Acelerar el desarrollo económico y social de las regiones septentrionales.
De conformidad con las Altas Orientaciones Reales relativas a la regionalización avanzada y la justicia territorial, el desarrollo debe convertirse en una palanca estratégica para el fortalecimiento del Estado y de la sociedad.
7. Fomentar una expresión ciudadana pacífica y responsable.
Los marroquíes tienen pleno derecho a expresar su oposición a la visita anunciada y a reivindicar el fin del control español sobre ambos enclaves, respetando la ley, rechazando la violencia y el odio, y sin atentar contra los ciudadanos españoles ni contra los habitantes de las dos ciudades.
Una causa nacional justa necesita mucho más la fuerza de los argumentos, la claridad de la visión, la perseverancia y la unidad nacional que los eslóganes pasajeros.
XI. Mensaje a España: no habrá un futuro verdaderamente compartido sin el valor de afrontar el pasado
Nuestro mensaje al Reino de España no es un llamamiento a la ruptura.
Es una invitación a una revisión histórica valiente.
El mundo ha cambiado. Numerosos pueblos se han liberado de la colonización, y los principios de dignidad, igualdad y soberanía se han convertido en fundamentos esenciales de las relaciones internacionales contemporáneas.
¿Por qué Ceuta y Melilla deberían permanecer excluidas del debate histórico entre Marruecos y España?
¿Por qué exigir a los marroquíes que consideren el mantenimiento del control español sobre ambas ciudades como una situación natural, cuando su memoria nacional conserva una interpretación profundamente diferente?
Marruecos no es un Estado de reciente aparición en el escenario de la Historia.
Es una Nación milenaria, dotada de una profundidad civilizatoria, institucional y espiritual sólidamente arraigada.
A lo largo de las diferentes etapas de su Historia, el Reino ha demostrado su capacidad para defender sus intereses nacionales, conciliando la firmeza diplomática con la apertura a las asociaciones internacionales.
Si España desea construir con Marruecos un futuro estratégico duradero, debe comprender que el respeto debido a nuestro país no se limita a la firma de acuerdos económicos y de seguridad.
Implica también el respeto a su memoria histórica y a sus sentimientos nacionales.
La visita anunciada del Rey Felipe VI a Ceuta y Melilla podrá concluir al término de dos jornadas, pero los interrogantes que suscita permanecerán mientras este expediente histórico continúe abierto.
Ninguna visita oficial, cualquiera que sea su alcance simbólico, puede otorgar una absolución moral al pasado colonial ni exigir a los marroquíes que olviden aquello que consideran parte integrante de su tierra y de su Historia.
Conclusión: Ceuta y Melilla, en el corazón de la conciencia nacional marroquí… El orgullo de ser marroquí es un compromiso que no prescribe
Escribo estas líneas en mi condición de ciudadano marroquí.
No busco confrontación alguna con España ni pretendo adoptar una posición neutral ante una cuestión que afecta a la Historia y a la dignidad de mi Patria.
Las escribo por fidelidad a la memoria de los resistentes que se enfrentaron a la colonización española en las montañas del Rif y de Yebala, así como en las llanuras del norte.
Las escribo por reconocimiento a las generaciones que lucharon por la recuperación de Tarfaya y Sidi Ifni, y a los marroquíes que encarnaron, a través de la Marcha Verde, los más nobles valores de la movilización nacional pacífica.
Las escribo también inspirándome en el profundo mensaje transmitido por el Discurso Real de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista y glorifique, quien ha hecho del orgullo de ser marroquí un sentimiento constantemente renovado y una responsabilidad nacional permanente.
Queremos un Marruecos fuerte por sus instituciones, orgulloso de su Monarquía secular, fiel a sus constantes nacionales, dinámico por su economía, solidario por su sociedad y abierto al mundo desde el respeto a su soberanía y dignidad.
Queremos unas relaciones hispano-marroquíes fundadas en el respeto mutuo, y no en la exigencia de que Marruecos olvide su Historia.
En cuanto a Ceuta y Melilla, seguirán siendo, para nosotros, una causa nacional profundamente arraigada en nuestra memoria y en nuestra conciencia colectiva, así como una reivindicación histórica que estamos decididos a defender por medios pacíficos, civilizados y diplomáticos.
España puede organizar visitas, izar banderas y multiplicar las ceremonias oficiales. Pero no puede exigir a los marroquíes que borren cinco siglos de memoria ni que consideren el colonialismo como un derecho histórico adquirido, inmune a cualquier cuestionamiento.
Porque una Patria no se reduce a unos mapas geográficos.
La soberanía no se resume en ceremonias protocolarias.
Y la dignidad no se somete a las relaciones de fuerza.
Los gobiernos pueden cambiar, los Reyes pueden sucederse, los intereses y las alianzas pueden evolucionar.
Pero los pueblos que conocen su Historia jamás pierden su memoria.
Ceuta y Melilla son marroquíes en nuestra conciencia nacional. Su reivindicación seguirá siendo, para nosotros, una posición histórica legítima que continuaremos defendiendo con sabiduría, mediante la fuerza de los argumentos y desde un espíritu de paz, por fidelidad a Marruecos y a las generaciones futuras.
Y el orgullo de ser marroquí, bajo la esclarecida dirección de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista y glorifique, seguirá siendo nuestra fuerza moral, el fundamento de nuestro compromiso patriótico y nuestro pacto permanente con la Historia y el futuro de nuestra Patria.
Mohammed Aabidou
Larache – Reino de Marruecos
11 de octubre de 2026
