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La contradicción entre los minaretes y los pasillos del hospital: cuando “la tierra de los infieles” nos enseña el verdadero significado de la humanidad

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LARACHE INFO

La contradicción entre los minaretes y los pasillos del hospital: cuando “la tierra de los infieles” nos enseña el verdadero significado de la humanidad

En una época en la que abundan los eslóganes y se pierden los valores, resulta llamativo encontrar a quienes hablan constantemente sobre “la religión” desde las mezquitas, pero carecen de los valores más básicos de compasión y empatía en su trato diario. La contradicción se vuelve aún más evidente cuando estos extremistas viven en países que ellos llaman “tierra de los infieles”, pero se benefician de todo lo que esas sociedades les ofrecen, particularmente en el ámbito de la salud, la educación y la dignidad humana.

Mi experiencia personal en un hospital de la región de Cataluña, España, fue reveladora y dolorosa a la vez. Entré al hospital con ideas preconcebidas sobre “el otro”, pero estas rápidamente se desvanecieron frente a la ética y humanidad de las enfermeras, y la calidez de su trato. Allí, no me sentí “extranjero” ni “inmigrante”, sino humano ante todo.

En un momento particular que nunca olvidaré, cuando entré en la sala del escáner, me recibió una joven marroquí, modesta y sonriente, que llevaba consigo títulos académicos obtenidos en esa “tierra de los infieles”, según lo que algunos predicadores de odio llaman su “hogar”. Sin embargo, ella, con su comportamiento ético, su compasión y humanidad, fue más valiosa que mil discursos. Lo más hermoso es que no dudó en ofrecerme una sonrisa y tranquilidad, simplemente porque sintió que era “de su país”. Esta escena me enseñó más sobre humanidad que los sermones llenos de odio y condena.

La gran contradicción es que aquellos que hablan sobre la “hermandad islámica” y “la defensa de los musulmanes”, son los mismos que desaparecen en momentos de necesidad y solo se presentan en las reuniones o en los púlpitos de las mezquitas, lanzando acusaciones y condenando a todo el que no siga su camino, incluso a otros musulmanes. En cambio, mi amigo “Rafa”, un joven que no profesaba ninguna religión, me acompañó, me apoyó, y sigue preguntando por mí hasta el día de hoy, sin esperar recompensas ni agradecimientos.

Estas contradicciones nos plantean preguntas filosóficas profundas: ¿Son las buenas acciones exclusivas de los religiosos? ¿Necesita una persona seguir una doctrina para ser compasiva? ¿Es posible que alguien sin religión esté más cerca del verdadero espíritu de la religión que un devoto que solo sigue rituales?

Lo que estamos viendo hoy en día con el pensamiento extremista no solo amenaza a las sociedades, sino que destruye las comunidades desde dentro. Está criando una generación cerrada, llena de odio, que limita la compasión a “los musulmanes”, olvidando que la misericordia, tal como fue enseñada por los profetas, debe ser para toda la humanidad.

Mi mensaje con este artículo no es una llamada a abandonar la religión, sino a purificarla de todo pensamiento tóxico. Dejen que la gente viva en paz y brinden a nuestros hijos la libertad de reflexionar y elegir. La generación actual no es
ingenua, es profunda como el mar, sabe cómo distinguir entre aquellos que realmente llevan los valores y aquellos que los explotan.

Amin iharchain

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