Entre el “Tawaf” de Ca n’Anglada y la realidad del parking: ¿Religiosidad real o un juego de apariencias?

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Entre el “Tawaf” de Ca n’Anglada y la realidad del parking: ¿Religiosidad real o un juego de apariencias?
Amin iharchain
Al caminar por el barrio de Ca n’Anglada, en Terrassa (Barcelona), especialmente cerca de la mezquita Badr a la hora del Magreb o del Isha, uno se queda impresionado por la imagen. La gente acude a la oración en masa, con un bullicio que recuerda al “Tawaf” de La Meca. Todo es chilabas, barbas largas, fragancias de almizcle y mujeres con hiyab o nicab. Es una estampa que te hace pensar: “Qué maravilla, nuestra comunidad se aferra a la fe y a la piedad en el extranjero”.
Sin embargo, la amarga realidad aparece nada más cruzar la puerta de la mezquita. En los cafés y en los parkings del barrio, la máscara se cae y surge el verdadero rostro: hipocresía, mentiras y engaños en el trato diario. Es ahí donde te das cuenta de que esa estética salafista es solo una capa de pintura exterior, mientras que el interior está carcomido por la traición. Hay quienes rezan en la primera fila, pero sus actos están llenos de fraude y manipulación, como si esa vestimenta y esa religiosidad fueran solo un “disfraz” para cubrir sus intereses y engañar al prójimo.
Estas personas han manchado la imagen del ser humano y del musulmán antes de manchar la imagen de la religión. Cuesta creer que este sea el comportamiento de alguien con uso de razón y conciencia, y mucho menos de alguien “religioso”. La pregunta grande y alarmante es: ¿Cómo queremos que las nuevas generaciones que crecen en Terrassa tengan ambiciones e ideas realistas por el bien común, mientras crecen rodeados de esta selva de contradicciones? Cuando un joven ve que su “referente” se envuelve en la religión pero actúa de forma diabólica, pierde la confianza en todo y se convierte en una presa fácil.
¿Es esto algo orquestado por ciertos sectores? Hay quienes han mezclado política y religión en un mismo saco, convirtiéndolos en un “juego de azar” para obtener beneficios personales. Esta extraña mezcla demuestra que hay un plan siniestro que busca controlar las mentes a través de las apariencias, dejando el contenido vacío y corrupto. El joven pierde su juventud y su futuro, y acaba en manos de extremistas que se presentan como la “alternativa pura”, sembrando en él el odio a la sociedad y el radicalismo como única “vía de escape”.
Jugar con fuego de esta manera generará en el futuro un problema inmenso, mucho más grave de lo que podemos imaginar. Al destruir los valores morales y la honestidad en nombre de la religión, estamos preparando el terreno para el desastre. La situación es crítica, porque una sociedad no sana con más rezos externos, sino cuando la sinceridad y la lealtad se convierten en la moneda de cambio en el mercado y en la calle. Porque, en esencia, la religión es el trato con los demás.
