Musulmanes de España”: Entre el beneficio del “infiel” y la mentalidad de rebaño

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Musulmanes de España”: Entre el beneficio del “infiel” y la mentalidad de rebaño
Amin iharchain
Viven en el ciclo eterno del “sueldo” y la nómina; para ellos, el primer día del mes es la verdadera fiesta. Corren a la consulta de la doctora para curarse, de ahí directos a Mercadona donde María los atiende con paciencia y respeto, y en el camino se cruzan con Juan, el policía que vela por su seguridad y organiza el tráfico. Este cuerpo, alimentado, hidratado y sanado por las bondades de esta tierra, esconde en realidad un odio y un rencor que no terminan. Es un veneno que les corre por las venas: su única preocupación es comer y beber a costa del “infiel” que les proporciona una vida digna.
El mayor temor reside en los jóvenes. Esos chicos que ayer eran niños, que nacieron y crecieron en la inocencia jugando con Sergi y Sandra. Sin embargo, en cuanto empiezan a crecer, se activa la “maquinaria ideológica” para confundir sus mentes y sembrar directrices tóxicas. Comienza ese adoctrinamiento que les enseña que aquellos con los que crecieron no son como ellos, que ellos son “los elegidos” y los demás “leña para el infierno”. Ahí arranca el largo serial de la mentalidad de rebaño, donde se anula el juicio y la lógica, y el joven se convierte en esclavo de los sermones de los “jeques de YouTube” que lo crían en la esquizofrenia social.
Esta mentalidad se financia a través de asociaciones religiosas que recaudan dinero en nombre de “Dios Misericordioso”, pidiendo donaciones sin rendir cuentas a nadie. Nadie explica a dónde van esos millones; el imán en el púlpito calla por hipocresía y los responsables actúan como el “zorro astuto” que ve en el inmigrante una presa fácil. Este es el pensamiento de los Hermanos Musulmanes en todo su esplendor: la conquista de las mentes en nombre de la fe, para convertir la convivencia en una farsa mientras el objetivo real es llenarse los bolsillos y construir castillos de falsedad.
Al final del día, se reúnen en las cafeterías a hablar con los “ángeles”, repartiendo llaves del cielo y del infierno a su antojo. Entran a la mezquita a rezar contra los “infieles” (que son precisamente la doctora, Juan y María) y, al cruzar la puerta de salida, se lanzan directos al chisme, la crítica y la compra de herramientas de hipocresía. Es una historia triste y difícil de cerrar, porque su base es el rencor y la explotación, no la paz ni la convivencia real.
