La identidad perdida: entre la recaudación de fondos y el abandono de los niños

La identidad perdida: entre la recaudación de fondos y el abandono de los niños
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Amin iharchain
Es lamentable que algunas asociaciones en Terrassa se hayan convertido en simples centros para recaudar dinero y construir muros, mientras dejan la formación del ser humano y los valores éticos tirados en la calle. ¿Cómo es posible que los responsables presuman de representar a la comunidad ante ayuntamientos y partidos políticos, cuando son incapaces de organizar a sus propios hijos que llenan la “Avenida Barcelona” de ruido y caos? La imagen de niños vistiendo ropas de oración mientras molestan a los comercios locales refleja una hipocresía educativa alarmante; los padres se preocupan por comprar apariencias y formalidades, pero olvidan sembrar la esencia del respeto y la responsabilidad.
Esta falta de control y la anarquía en la educación hacen que la sociedad española nos vea como un mundo aislado que solo domina el lenguaje de las consignas, destruyendo cualquier intento de preservar la identidad o las tradiciones. La amarga realidad es que el único interés de algunos directivos es mantener su estatus y crear oportunidades para sus propios hijos y familiares, mientras abandonan a los hijos de los demás a vivir tras ilusiones, bajo un sistema que siempre se cree en posesión de la verdad.
Esta ruina genera más ruina. El silencio ante las molestias a los vecinos es una forma de destruir la ciudad de manera sistemática, siguiendo ideas erróneas sembradas en las mentes de los jóvenes. Una identidad que no impide a su dueño dañar al prójimo o manchar su imagen en el espacio público es una identidad vacía. Permitir este descontrol bajo la mirada de asociaciones que solo buscan la foto es una complicidad clara en la destrucción del futuro de toda una generación y en el aumento de la brecha con la sociedad en la que vivimos.
