Máscaras de identidad en Cataluña: Cuando la izquierda se cruza con el “business” de la política y la religión

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Máscaras de identidad en Cataluña: Cuando la izquierda se cruza con el “business” de la política y la religión
Amin iharchain
La reciente publicación de Fuad, militante del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), abre un debate profundo sobre la naturaleza de la representación política y las lealtades que se muestran en primera línea. La aparición de parlamentarios árabes de la “Knesset” en pleno corazón de Barcelona plantea interrogantes que van más allá de una simple foto. Resulta llamativo que estos líderes desarrollen su vida política y cotidiana dentro de Israel, hablando su idioma, pero en los foros internacionales vistan la capa del nacionalismo y la causa árabe de una forma que genera sospechas. La cuestión palestino-israelí es, en su esencia, un conflicto político y no religioso; sin embargo, el problema radica en aquellos sectores de tendencia “islamista” que insisten en vincularlo a la religión para obtener beneficios, una estrategia que, curiosamente, también siguen sectores extremistas israelíes en la otra dirección.
Existen muchos errores históricos que se difunden hoy en día, lo que obliga a centrarse en explicar la realidad auténtica a las nuevas generaciones, lejos del fanatismo político. Es necesario desenmascarar esa mentalidad autoritaria que pretende monopolizar la verdad, ya sea desde un pensamiento árabe-islámico sistematizado o desde cualquier otro bando, pues este enfoque solo sirve a quienes buscan controlar las mentes. La historia nos enseña que el origen de los árabes está vinculado a una región geográfica específica, pero la “arabidad” fue transformada posteriormente en una fuerza política e ideológica, casi como una serie histórica diseñada cuidadosamente para dominar la escena. La mezcla de la religión en la política pública es algo inaceptable; hoy vemos a quienes se atreven a jugar un papel de “lucha religiosa” incluso dentro de las mezquitas, distribuyendo un pensamiento intolerante hacia otras religiones que nada tiene que ver con la política real, sino con el objetivo de sembrar el odio y repartir discursos de fanatismo.

Sabemos bien que existen políticos árabes en los círculos españoles que dicen representar a España y serle leales, pero que en realidad juegan papeles oscuros tras muchas máscaras. Promueven ideas poco realistas y viven bajo una “mentalidad de victimismo”, alegando defender a los oprimidos cuando su único fin es manipular las tragedias ajenas para sus intereses particulares. Practican el “business” de la política sobre el papel y explotan las emociones sobre el escenario, creando grietas futuras que amenazan la estabilidad social y el crecimiento de las nuevas generaciones.
El Estado español debe estar alerta ante este tipo de movimientos que se infiltran tras bambalinas en nombre de la nación o la religión, cuando en realidad son meros instrumentos para impulsar proyectos políticos estrechos. El futuro de España y Europa depende de la construcción de un pensamiento abierto que respete la Constitución y las leyes, protegiendo a los jóvenes de estos mercaderes de causas humanas que construyen su gloria personal sobre los hombros de los oprimidos y la cruda realidad, lejos de los discursos de odio que no construyen ninguna nación.
