La verdad tras los sucesos de Bab Doukkala: un caos turístico que no representa a los judíos marroquíes

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La verdad tras los sucesos de Bab Doukkala: un caos turístico que no representa a los judíos marroquíes
Amin iharchain
Tras una investigación detallada sobre las imágenes difundidas recientemente, surgen hechos claros que no dejan lugar a dudas. Lo ocurrido en la zona de Bab Doukkala no tiene relación alguna con la cultura marroquí ni con la religión judía, sino que se trata de un comportamiento ajeno protagonizado por turistas extranjeros.
Este grupo pertenece a la corriente “Haredi” proveniente de Europa del Este y no posee ningún vínculo con los judíos marroquíes originarios. Esto se refleja claramente en su vestimenta negra y sus sombreros, que difieren totalmente de la herencia de los judíos de Marruecos, ligada a la identidad marroquí y andaluza centenaria. Dado que estos turistas provienen de una región con vínculos conocidos con sectores hostiles a los intereses de Marruecos, este acto genera dudas legítimas sobre su conexión con planes antiguos que buscan crear confusión dentro del Reino.

Desde el punto de vista religioso, el judaísmo prohíbe estrictamente molestar a los demás o causar caos en espacios públicos. La oración tiene su solemnidad y sus lugares específicos; lo que hicieron estos turistas no tiene relación con la oración habitual, sino que es un acto poco ético, rechazado tanto religiosa como humanamente, y parece ser una acción deliberada para provocar.
La posición de la comunidad judía en Marrakech ha sido firme y clara: su presidente declaró que estas personas no son marroquíes. Los judíos marroquíes se desvinculan totalmente de estos actos, ya que han vivido durante siglos en total respeto con sus vecinos, sin que nunca se haya producido algo que altere la tranquilidad o la decencia marroquí.
Los intentos de generar confusión y distorsionar la imagen de la convivencia histórica en Marruecos son apuestas perdidas. Los marroquíes, con su conciencia y unidad, nunca aceptarán que se toque la estabilidad de su país o que se utilicen estos comportamientos extraños para dañar su seguridad espiritual y social. Exigir responsabilidades a quienes facilitaron este caos es una necesidad para proteger a la nación de cualquier maniobra que atente contra su estabilidad.
