Entre las ilusiones de la ideología y las realidades de la geografía: las nuevas generaciones y la escritura de la historia real

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Entre las ilusiones de la ideología y las realidades de la geografía: las nuevas generaciones y la escritura de la historia real
Amin iharchain
Marruecos, país situado en el norte del continente africano y puerta de entrada a Europa que separa por mar tres continentes principales, se encuentra hoy en medio de un profundo debate que va más allá del deporte para tocar la realidad, la política y la historia. Este país, que se ha fundado y sigue defendiendo la coexistencia entre todos, comparte una vecindad ancestral con un reino histórico a las puertas de Europa con el que le une la civilización, y tiene todo el derecho, como cualquier nación del mundo, a integrarse en el primer mundo con su propio estilo y cultura a lo largo de las distintas etapas de la historia. Sin embargo, lo extraño y llamativo se hizo evidente durante la organización de la Copa Africana de Naciones; a pesar de que los europeos y la gran mayoría del primer mundo la consideraron una organización sofisticada y avanzada en todo el sentido de la palabra, fuimos testigos de posturas desconcertantes por parte de países africanos y de naciones que reclaman el nacionalismo árabe o hablan bajo el concepto de la nación islámica, intentando todos ellos menospreciar esta organización, llegando en algunos casos al desprecio y a actuar con una clara carga de resentimiento y hostilidad. Esta doble moral se hace aún más evidente al observar la Copa del Mundo organizada entre Estados Unidos, México y Canadá, donde aquellos que criticaron a Marruecos nunca hablaron de lo que les ocurrió tras bambalinas, ni de cómo fueron tratados como selecciones. En este punto, cabe recordar las declaraciones del exfutbolista y analista deportivo Youssef Chippo, quien afirmó que no apoyaría a otras selecciones porque, al haber sido analista y vivir lo que pasaba detrás del escenario, conoció de primera mano detalles que le hicieron comprender la realidad de las cosas.
Lo sucedido es una auténtica lección que no se olvida, y demuestra que las generaciones venideras tienen sus propios derechos y responsabilidades, habiendo alcanzado hoy el nivel mínimo de reflexión profunda para buscar lo que realmente importa para su futuro. La región del norte de África ha sufrido enormemente por parte de actores con intereses nacionalistas o ideológicos que intentaron encarnar el papel de la nación árabe o islámica, a pesar de que África nunca fue árabe y su historia habla por sí sola, siendo ya hora de que hablemos de nuestra verdadera historia con todos sus hitos, desde las conquistas hasta la colonización, entre otros.
La realidad es que ha llegado el momento de afrontar los hechos y soñar juntos por el futuro de las nuevas generaciones, aprendiendo del continente europeo que defendió y resistió frente a cualquier ideología, preservando los valores humanos y el progreso. Este es un mensaje claro tanto para la comunidad marroquí en el exterior como en el interior: no permitan que ciertos eslóganes influyan en su mentalidad. Aunque Marruecos declaró en su momento con orgullo que representaba a su entorno, la realidad ha demostrado que el vecino que contribuye al desarrollo y al progreso es el único en quien se puede confiar y con quien conviene estrechar lazos. Hoy en día, todos deben ser conscientes de que Europa está cerca de Marruecos, y trabajar en la construcción de una mentalidad realista que beneficie al interés general es el objetivo fundamental que debe abordarse con total seriedad, lejos de consignas que no aportan nada al futuro.
