Entre la patria madre y la tierra de acogida: Cuando el civismo da sentido a la identidad

Larache info
Entre la patria madre y la tierra de acogida: Cuando el civismo da sentido a la identidad
Amin iharchain
Hoy, con motivo del partido de la selección marroquí contra Brasil, decidí, como de costumbre, disfrutar del ambiente con la gente del barrio, con los de siempre aquí en Els Merinals (Can Jofresa). A pesar de que el encuentro era tarde, a medianoche, el deseo de reunirnos con los viejos amigos de toda la vida fue más fuerte; personas que han construido su futuro aquí, y cuyas familias ya van por la tercera generación nacida en territorio español de origen marroquí.
Hablamos con el dueño de la cafetería para ver el partido juntos, y su única condición fue que fuéramos un grupo reducido. Como personas responsables, nos comprometimos a mantener el orden y la calma total para no molestar a los vecinos, asegurándole que nosotros mismos seríamos los primeros en intervenir para calmar cualquier tensión.
Sin embargo, la tranquilidad pronto se convirtió en preocupación. Empezaron a llegar al barrio oleadas de jóvenes; un perfil de gente a la que no le importa la paz vecinal ni el respeto por la convivencia. Y ahí es donde el corazón se encoge de dolor, al ver la ausencia de ese “patriotismo compartido” hacia la tierra que te acogió, te abrió sus puertas y te brindó una vida digna. ¿Cómo es posible no devolver este bien con respeto y gratitud? ¿Cómo no vivir en paz con uno mismo antes que con los demás?
El problema nunca ha sido la euforia o el entusiasmo deportivo natural, sino aquellos que instrumentalizan estos momentos para encender la mecha del caos, sembrar el odio y generar conflictos sin motivo alguno.
Y lo que resulta aún más doloroso es ver a niños pequeños en la calle a altas horas de la madrugada. La pregunta aquí no va dirigida al niño, sino a su familia: ¿Dónde está el amparo familiar? ¿Dónde está la educación que siembra en el menor el verdadero civismo, basado en el respeto al país donde se cría y se alimenta, a la par que el amor por su tierra de origen? La educación sana es la semilla que siembras con la tranquilidad de cara al futuro. Dejar a los niños a merced de una calle que les enseña la cultura del desorden es el mayor error familiar, porque así solo se siembran espinas que no aportarán nada positivo a ninguna de las dos sociedades.
El partido terminó y el árbitro pitó el final, pero lo que no termina ni se borra fácilmente es la “mirada de los vecinos” al día siguiente. Es aquí donde debemos poner el dedo en la llaga y reabrir un debate tan viejo como actual: el de esas mentalidades cerradas con las que aún viven algunos, y que representan el mayor obstáculo para nosotros como marroquíes leales y ciudadanos íntegros en este país. Es un honor inmenso para cualquier marroquí residente en España, y particularmente en Cataluña, ser un buen embajador de su cultura, mostrando una conducta ejemplar y preservando su identidad de origen sin entrar en conflicto con la identidad de la tierra que lo acoge. Este pensamiento profundo y equilibrado es la clave que debemos exigir a todos.
La tierra es de todos los seres humanos, pero bajo la condición de que nos respetemos y convivamos. El verdadero patriotismo es un comportamiento que beneficia a las futuras generaciones. En cambio, el odio y el rencor mientras te beneficias de una tierra que te dio cobijo y te formó como persona es la cumbre de la contradicción moral. El propio Marruecos está viviendo un crecimiento intelectual real y busca, por todos los medios, educar a las nuevas generaciones en la apertura y la modernidad, en sintonía con la lógica de la vida: que consiste en dar y recibir.
Mi mensaje es claro, y aunque a algunos les pueda parecer ambiguo, apela al sentido común y ataca directamente a aquellos que se llenan la boca hablando de moralidad y exclusividad espiritual, mientras que su comportamiento en el día a día está lleno de falsedad, caos y dobles discursos. A ellos les decimos con una sola voz: no aceptamos comulgar con vuestra forma de pensar. La conocemos, la hemos vivido y seguiremos firmes analizándola para, siempre, poner los puntos sobre las íes.
