Mensaje de Terrassa y Ca n’Anglada: Nuestras generaciones quieren seguridad y convivencia, no pancartas ni etiquetas

Larache Info
Mensaje de Terrassa y Ca n’Anglada: Nuestras generaciones quieren seguridad y convivencia, no pancartas ni etiquetas
Amin iharchain
La ciudad de Terrassa, en la provincia de Barcelona, vivió una jornada extraordinaria llena de vitalidad y solidaridad, donde sus calles vibraron con una energía positiva que unió el deporte y la acción humanitaria. Este evento deportivo y solidario contó con la participación de 504 corredoras que marcharon en apoyo a una causa humana, junto a 44 niños y niñas que aportaron alegría e inocencia a la carrera infantil. Sin embargo, ese día la actividad no se limitó a correr; la conciencia global y local se manifestó en su máxima expresión cuando un grupo de asociaciones de derechos humanos y ciudadanos se unieron para lanzar al mundo un mensaje unificado, firme y claro en varios idiomas bajo el lema “Som humans, no etiquetes” (Somos humanos, no etiquetas). Asimismo, las paredes se vistieron con murales que expresaban una solidaridad absoluta con las causas humanas justas, alzando una voz que recordaba que la libertad y la justicia no se fragmentan, y que nuestra humanidad es lo que nos une antes y por encima de todo.
Este movimiento social tan positivo conecta profundamente con la preocupación legítima y el esmero por el porvenir de las próximas generaciones, reflejando un deseo honesto compartido por muchos: la búsqueda de seguridad, estabilidad y una convivencia pacífica, lejos de las disputas políticas o los intereses particulares. De ahí surge la necesidad urgente de analizar los desafíos que afrontan la identidad, la política y la sociedad, especialmente en barrios como Ca n’Anglada y otras zonas de Cataluña. El sentimiento de un ciudadano catalán y español, independientemente de sus orígenes, de que su entorno es estable y seguro constituye la piedra angular de cualquier comunidad próspera. Cuando esta seguridad desaparece o cuando los intereses personales se anteponen al bien común, resulta muy difícil construir un futuro prometedor para los jóvenes y niños, a quienes deseamos ver viviendo en paz y coexistiendo con todos.
En este marco, los ciudadanos de origen migrante afrontan un doble reto en su camino por encontrarse a sí mismos y consolidar su pertenencia a la nueva sociedad, al tiempo que preservan sus raíces identitarias. Esto exige un entorno de acogida fundamentado en la ciudadanía real y el estado de derecho, al margen de cualquier trasfondo étnico o religioso. Por otra parte, el temor ante la infiltración de ciertas corrientes ideológicas o políticas que, bajo el amparo de la buena palabra y la labor comunitaria, buscan alcanzar cuotas de influencia y una posición privilegiada, es una inquietud real que asoma en el horizonte. El peligro radica en que estas actividades se transformen en herramientas para ejecutar agendas que acaben provocando el aislamiento de las comunidades en lugar de su inclusión, o bien creando sociedades paralelas que obstaculicen la ansiada convivencia pacífica.
Proteger a las generaciones del mañana y brindarles una seguridad auténtica requiere de una voz consciente que rechace los abusos y el beneficio propio, situando la ciudadanía y la seguridad por encima de cualquier consideración partidista o ideológica. El camino hacia una estabilidad real y una integración efectiva comienza siempre por la concienciación de los propios habitantes sobre sus derechos, manteniéndose firmes y unidos frente a cualquier intento de instrumentalizar sus legítimas aspiraciones hacia un futuro mejor.
