La paradoja del “Día Nacional del Emigrante”: entre la ilusión y la realidad

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La paradoja del “Día Nacional del Emigrante”: entre la ilusión y la realidad
Amin iharchain
Me resulta muy sorprendente ver cómo algunos emigrantes celebran el llamado “Día Nacional del Emigrante”, como si fuera una festividad real que verdaderamente los representa o cambia su realidad. Lo más extraño es verlos aplaudir a los partidos políticos que los reclutan en épocas específicas, haciendo que el emigrante imagine que forma parte de la acción política y que realmente vive según principios partidistas auténticos.
Cuando celebras este día, ¿sientes de verdad un vínculo real y un sentimiento compartido con el ciudadano que vive allí, antes de que decidiera emigrar? ¿O acaso se trata simplemente de que saliste del país y regresaste al ritmo de las campañas y festivales de bienvenida?.
Es una situación marcada por la hipocresía y el cambio de máscaras bajo la etiqueta de “emigrante”. La realidad directa dice que seguirás siendo un emigrante toda tu vida. Vayas donde vayas, sigues siendo solo un número, ya sea en el país del que emigraste o en el país que te otorgó derechos como ser humano pero que, al final, te ve como una cifra más, te guste o no.
En pocas palabras, eres solo un jugador suplente que cree que está jugando el partido real, cuando la verdad es que solo se están aprovechando de tu presencia. Quien ha vivido en el margen seguirá estando siempre en el margen.
Esta postura se extiende también a algunos actores del ámbito asociativo que juegan un juego sucio, donde el interés personal se ha colocado por encima del bien común, y el nombre del emigrante se ha convertido en una mera máscara para alcanzar beneficios individuales.
