Marruecos y España: de las heridas de la memoria al coraje del futuro

Larache info
Marruecos y España: de las heridas de la memoria al coraje del futuro
Hacia un diálogo histórico entre las dos orillas del Mediterráneo, más allá de las diferencias, para construir puentes de confianza y respeto
Por Mohammed Aabidou
Presidente de la Fundación Adam para la Fraternidad Humana
Existen relaciones entre Estados que se miden por el volumen de sus intercambios comerciales, por el número de acuerdos firmados o por la intensidad de sus alianzas estratégicas. Pero existen también relaciones mucho más profundas, en las que la geografía se entrelaza con la historia, la memoria con la identidad, los intereses con las emociones y las antiguas heridas con las preguntas sobre el futuro.
La relación entre Marruecos y España pertenece, sin duda alguna, a esta categoría.
Es la relación entre dos países separados apenas por un mar, pero que la historia ha situado, en determinados momentos, frente a profundas fracturas de memoria, percepción y representación. Una relación hecha de guerras y paz, de confrontación y cooperación, de colonización y resistencia, de migraciones e intercambios humanos, de intereses económicos compartidos y de desacuerdos políticos.
Por eso, construir una relación marroquí-española madura, equilibrada y duradera no puede basarse ni en borrar la historia ni en mantener el futuro prisionero de las heridas del pasado.
Lo que necesitamos hoy no es que los marroquíes olviden su historia, ni que los españoles permanezcan prisioneros de su propia memoria. Lo que necesitamos es el valor de mirar la historia tal como fue, con sus complejidades, sus dolores y sus contradicciones, para transformar sus lecciones en una fuerza al servicio del futuro.
No es solamente una cuestión geográfica… también es una cuestión de memoria
Con demasiada frecuencia, las relaciones entre Marruecos y España se reducen a algunos expedientes: Ceuta y Melilla, la migración, la pesca marítima, el comercio, la seguridad, las fronteras o las posiciones políticas.
Pero la realidad es mucho más profunda.
Detrás de estas cuestiones existe una memoria histórica construida a lo largo de siglos de contactos, conflictos, rivalidades, pero también de intercambios humanos y civilizatorios. Es difícil comprender determinadas formas de desconfianza y ciertas percepciones negativas recíprocas sin analizar cómo se construyó la imagen del «otro» en ambas sociedades.
Durante diferentes etapas de la historia, una parte del discurso político, militar y mediático español presentó al marroquí como un «otro» diferente y amenazante procedente del sur.
Las guerras coloniales en el norte de Marruecos contribuyeron considerablemente a consolidar algunas de estas representaciones, especialmente cuando la resistencia marroquí se convirtió en una confrontación militar prolongada, violenta y costosa para España.
Pero la historia no puede convertirse en un tribunal permanente entre dos pueblos.
El marroquí de hoy no es responsable de las decisiones tomadas por generaciones anteriores. Del mismo modo, el español contemporáneo no puede ser considerado personalmente responsable de las decisiones de las potencias coloniales del pasado.
La verdadera responsabilidad de las generaciones actuales se encuentra en otro lugar: aprender de la historia y tener el valor de transformar el pasado, no en una fuente de odio, sino en una fuente de comprensión, diálogo y reconciliación.
La guerra del Rif: una herida que todavía no se ha cerrado completamente
Es imposible hablar de la memoria marroquí-española sin mencionar la guerra del Rif y la resistencia marroquí encabezada por Mohamed Ben Abdelkrim El Khattabi, especialmente después de la batalla de Annual, en 1921, que constituyó un punto de inflexión decisivo en la historia de la presencia colonial española en el norte de Marruecos.
Aquella guerra dejó profundas heridas en la memoria colectiva marroquí, al mismo tiempo que provocó un importante trauma en la memoria española.
La cuestión adquiere una sensibilidad aún mayor debido a los estudios históricos que han documentado el uso de armas químicas por las fuerzas españolas durante la guerra del Rif, así como los bombardeos, los asedios, la destrucción de medios de subsistencia y otras prácticas militares particularmente brutales.
Por ello, las demandas marroquíes de apertura de archivos, de promoción de una investigación científica independiente y de estudio de las consecuencias humanas, sanitarias y medioambientales de aquella guerra no constituyen llamadas a la venganza.
Son llamadas al conocimiento, al reconocimiento y a la justicia.
La verdad no amenaza la reconciliación.
Lo que puede amenazarla es precisamente el rechazo de la verdad.
La memoria española también lleva sus propias heridas
Pero la justicia y la equidad exigen reconocer igualmente que la historia marroquí-española no es únicamente una memoria marroquí.
España también conserva una memoria dolorosa relacionada con las guerras de Marruecos, con los soldados españoles caídos en el norte del Reino, con el trauma provocado por la derrota de Annual y con los marroquíes que posteriormente fueron reclutados para combatir junto a las fuerzas de Franco durante la Guerra Civil española.
He aquí una de las grandes tragedias de esta historia compartida:
Marroquíes procedentes del norte del país se encontraron combatiendo en suelo español en una guerra que no era la suya, mientras su propia memoria estaba profundamente marcada por la dominación colonial que habían sufrido en su tierra.
Es una página dolorosa, compleja y, en ocasiones, contradictoria de nuestra historia.
Pero forma parte de nuestra memoria común.
Y una historia compartida, por dolorosa que sea, puede convertirse en un punto de partida para el diálogo cuando tenemos el valor de mirarla sin selectividad.
Ceuta y Melilla: una cuestión que no puede ser enterrada en el silencio
La cuestión de Ceuta, Melilla y las islas bajo administración española sigue siendo uno de los asuntos más sensibles de la conciencia colectiva marroquí y española.
Para Marruecos, estos territorios están vinculados a la cuestión de la soberanía, la integridad territorial y una profunda memoria histórica y política.
Para España, están vinculados a una realidad política, jurídica y social diferente.
Precisamente por ello, cualquier enfoque serio de esta cuestión no debería basarse en amenazas ni en una escalada de tensiones, sino en un diálogo político sereno, responsable y permanente, reconociendo que esta cuestión existe en la conciencia colectiva marroquí y que no puede desaparecer simplemente porque se decida ignorarla.
Las grandes cuestiones históricas no desaparecen en el silencio.
Siempre regresan cuando aparece una crisis.
Las migraciones colectivas hacia Ceuta: cuando la memoria se expresa a través de la desesperación
Las olas de migración colectiva hacia Ceuta han revelado una realidad que va mucho más allá de una simple cuestión fronteriza.
Detrás de las imágenes de jóvenes, mujeres y niños arriesgando sus vidas en el mar existen profundas preguntas sociales, económicas y humanas.
Estos acontecimientos también han puesto de manifiesto el enorme poder de las redes sociales para construir imaginarios colectivos, difundir imágenes idealizadas de Europa y convertir la migración en un sueño colectivo que, en ocasiones, ignora por completo la gravedad de los riesgos.
Pero sería profundamente injusto considerar a estos jóvenes únicamente como «migrantes irregulares».
Antes que nada, estamos ante seres humanos que sueñan con un futuro mejor.
Si los Estados tienen el deber de proteger sus fronteras, también tienen el deber de formularse una pregunta fundamental:
¿Por qué un joven está dispuesto a arriesgar su vida para cruzar el mar?
La cuestión de la seguridad es importante.
Pero la cuestión humana es todavía más importante.
La migración no puede abordarse únicamente mediante barreras, vallas y dispositivos de seguridad. Requiere también políticas de desarrollo, educación, formación y dignidad, así como una cooperación real entre Marruecos, España y la Unión Europea.
La lógica de los intereses compartidos es más fuerte que la lógica de la confrontación
Hoy, Marruecos y España se necesitan mutuamente.
Marruecos constituye una puerta estratégica hacia África, mientras España representa para Marruecos una puerta esencial hacia Europa, el Mediterráneo y el espacio atlántico.
Ambos países comparten intereses fundamentales en materia de comercio, inversión, energía, transporte, turismo, seguridad, gestión de la migración, lucha contra la delincuencia organizada y protección del medio ambiente.
Las relaciones económicas y humanas entre ambas sociedades han alcanzado un grado de profundidad tal que resulta cada vez más difícil imaginar el futuro de una sin la otra.
Y aquí reside toda la paradoja:
Cuanto mayores son los intereses compartidos, menos lógico resulta que la memoria permanezca prisionera de la confrontación.
Los intereses no son enemigos de los principios.
La cooperación no significa renunciar a los derechos.
El diálogo no significa abandonar las propias posiciones.
El verdadero diálogo es precisamente la vía civilizada para gestionar las diferencias sin convertirlas en hostilidad.
Las élites: el puente que todavía no hemos sabido aprovechar plenamente
Si los gobiernos pueden firmar acuerdos, son los pueblos quienes dan a las relaciones su verdadera profundidad humana.
La próxima etapa exige, por tanto, la apertura de un amplio diálogo marroquí-español entre las sociedades, que no se limite a diplomáticos y responsables políticos.
Necesitamos universidades.
Necesitamos historiadores.
Necesitamos sociólogos, juristas y politólogos.
Necesitamos escritores, intelectuales, periodistas y artistas.
Necesitamos asociaciones y organizaciones de la sociedad civil.
Y necesitamos, sobre todo, a los líderes religiosos y a quienes trabajan en el diálogo espiritual.
Todos ellos pueden contribuir a romper ese bloqueo psicológico que la política, por sí sola, no siempre consigue superar.
Hacia un Foro Marroquí-Español de la Memoria y el Futuro
¿Por qué no crear un espacio permanente de diálogo entre las élites marroquíes y españolas?
Un foro que reúna a historiadores, académicos, intelectuales, juristas, periodistas, representantes de la sociedad civil, líderes religiosos y jóvenes de ambas orillas.
Un foro que no busque vencedores ni vencidos, sino la verdad.
Un foro que no reabra las heridas del pasado para alimentar el conflicto, sino para comprenderlas mejor y contribuir a superarlas.
Este diálogo podría abordar, entre otros, los siguientes temas:
– la guerra del Rif y la memoria colonial;
– Ceuta, Melilla y las islas bajo administración española;
– la migración y sus causas humanas y sociales;
– los intercambios universitarios y culturales entre los jóvenes;
– la cooperación científica y académica;
– la memoria árabe, amazigh, judía y andalusí compartida;
– las relaciones económicas y las inversiones;
– la energía, el clima y la protección del medio ambiente;
– la seguridad y la lucha contra la delincuencia transnacional;
– el papel de los medios de comunicación en la construcción de la imagen del otro;
– la lucha contra los discursos de odio y los estereotipos;
– el papel de las religiones en la construcción de la paz y la convivencia;
– y las posibilidades de cooperación cultural y humana con vistas al Mundial de 2030.
Los líderes religiosos: del lenguaje del miedo al lenguaje de la fraternidad
Existe un espacio que todavía no ha sido suficientemente aprovechado en las relaciones marroquí-españolas: el del diálogo religioso y espiritual.
Marruecos posee una larga tradición de convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos. España también conserva la memoria de una Al-Ándalus marcada por el encuentro de diferentes culturas y tradiciones religiosas.
¿Por qué no transformar esa memoria en un proyecto para el presente?
¿Por qué no reunir a imanes, rabinos, sacerdotes, investigadores y pensadores alrededor de una misma mesa?
No para borrar las diferencias, sino para descubrir aquello que existe más allá de ellas.
Porque antes de ser musulmán, cristiano o judío; marroquí o español, cada ser humano posee un corazón, una dignidad, unos sueños, unos temores y unas esperanzas.
Precisamente ahí puede la religión recuperar su papel más noble: ser un puente de misericordia y no una tribuna de confrontación.
La juventud: verdadera dueña del futuro
No será posible construir una reconciliación duradera entre Marruecos y España si las nuevas generaciones heredan representaciones estereotipadas unas de otras.
Debemos abrir más las universidades a los intercambios estudiantiles.
Crear programas de movilidad y diálogo entre jóvenes.
Dar a los jóvenes artistas, investigadores y creadores de ambos países la posibilidad de conocerse.
Y, sobre todo, enseñar la historia de ambos países tal como es, con toda su complejidad, y no como a veces es deformada por la propaganda, los prejuicios o las redes sociales.
Una generación que se encuentre, estudie junta y comparta experiencias humanas comunes será mucho menos vulnerable a los discursos de odio.
El Mundial de 2030: una oportunidad histórica que trasciende el fútbol
La organización conjunta de la Copa Mundial de la FIFA 2030 por Marruecos, España y Portugal ofrece a nuestra región una oportunidad histórica excepcional.
El Mundial podría ser simplemente una competición deportiva que termine con el último silbato.
Pero también podría convertirse en el comienzo de una nueva etapa histórica.
Puede convertirse en un proyecto de acercamiento entre los pueblos.
En un puente entre África y Europa.
En un laboratorio de cooperación cultural, académica, religiosa y ciudadana.
Puede hacer de Marruecos, España y Portugal un modelo mundial de transformación de una historia marcada por la competencia y los conflictos en una dinámica de cooperación estratégica y humana.
El gol más hermoso que podría marcarse durante el Mundial de 2030 quizá no sea el que se anote sobre el césped.
Será el que los pueblos marquen contra el odio, el miedo y la incomprensión.
El reconocimiento y las disculpas: un acto de valentía, nunca de debilidad
Reconocer el pasado no significa condenar a todo un pueblo.
Presentar disculpas por los actos de un Estado o de un régimen no significa hacer recaer sobre las generaciones actuales la responsabilidad de hechos que no cometieron.
Por el contrario, cuando los hechos están establecidos por los archivos y la investigación histórica, el reconocimiento de las injusticias del pasado puede constituir una señal de madurez política, moral e institucional.
Desde esta perspectiva, las demandas de reconocimiento de los sufrimientos relacionados con la guerra del Rif, de apertura de archivos y de promoción de investigaciones científicas sobre el uso de armas químicas y sobre las consecuencias humanas, sanitarias y medioambientales de aquella guerra pueden formar parte de un proceso más amplio de memoria y reconciliación.
La justicia histórica no significa necesariamente venganza ni castigo.
Puede adoptar la forma de una palabra:
disculpas.
Puede adoptar la forma de abrir un archivo.
Puede adoptar la forma de crear un centro de memoria.
Puede adoptar la forma de apoyar la investigación científica.
Puede adoptar la forma de programas de cooperación médica y medioambiental en las regiones que sufrieron las consecuencias de la guerra.
Y, ante todo, puede significar reconocer la dignidad de las víctimas y su derecho a que su historia sea escuchada.
No queremos una nueva guerra con la Historia
Marruecos no necesita una guerra con España.
España no necesita un Marruecos débil ni hostil.
Toda la región necesita paz, estabilidad y prosperidad.
Lo que necesitamos no es borrar la historia, sino superarla mediante la sabiduría.
No se trata de pedir a nadie que renuncie a su identidad o a sus derechos, sino de aprender a estar en desacuerdo sin convertirnos en enemigos.
Marruecos y España son vecinos.
Y los vecinos no pueden permitirse el lujo de vivir en un estado permanente de hostilidad.
Están unidos por la geografía, la economía, los pueblos, las migraciones, la historia, el Mediterráneo y el futuro.
La geografía es una realidad que nadie puede cambiar.
Pero puede dejar de ser un destino de confrontación para convertirse en un destino de cooperación.
Del Mediterráneo que nos separa al Mediterráneo que nos une
Ha llegado quizá el momento de redefinir el Mediterráneo.
No como una línea que separa África de Europa.
No como un cementerio de migrantes.
No solamente como la memoria de las guerras.
Sino como un espacio de encuentro.
Un mar donde las culturas puedan acercarse.
Donde las civilizaciones puedan dialogar.
Donde las religiones puedan comprenderse.
Donde los pueblos puedan intercambiar conocimientos, arte, experiencias y humanidad.
Marruecos y España pueden ofrecer al mundo un modelo diferente: el de dos países cuyas historias, identidades y sensibilidades políticas no son idénticas, pero que eligen el diálogo en lugar de la ruptura, la cooperación en lugar de la confrontación y el reconocimiento en lugar del olvido.
Y ahí reside la verdadera misión de las élites.
Ser un puente cuando se levantan los muros.
Decir la verdad cuando otros tienen miedo de pronunciarla.
Abrir ventanas cuando la política cierra a veces las puertas.
Enseñar a las nuevas generaciones que la diferencia no es hostilidad, que la memoria no es venganza, que el reconocimiento no es derrota y que la reconciliación no significa olvidar.
Un mensaje a las dos orillas
Al español que teme a Marruecos: ven a descubrir al ser humano marroquí más allá de los estereotipos.
Al marroquí que todavía guarda una herida o una indignación hacia España: no permitas que los errores de la Historia te impidan reconocer la humanidad del español contemporáneo.
A los historiadores: abrid los archivos.
A las universidades: abrid las puertas del diálogo.
A los medios de comunicación: no convirtáis el miedo en mercancía.
A los líderes religiosos: haced de la misericordia una fuerza más poderosa que el odio.
A la sociedad civil: construid los puentes que la política a veces no consigue levantar.
Y a la juventud marroquí y española:
no sois prisioneros de la Historia; sois los constructores del futuro.
Ha llegado el momento de pasar de una pregunta:
«¿Quién ganó en el pasado?»
a una pregunta infinitamente más humana:
«¿Cómo podemos ganar juntos el futuro?»
Los pueblos no pueden cambiar lo que ocurrió ayer.
Pero pueden elegir qué hacer con ese pasado.
El pasado no puede borrarse, pero puede convertirse en sabiduría.
Las heridas no pueden negarse, pero pueden ser curadas.
Las diferencias no desaparecerán jamás por completo, pero pueden ser gestionadas mediante el diálogo.
Y la paz no nace del olvido.
Nace de la verdad, del reconocimiento, del respeto y de la dignidad.
La mayor reconciliación entre Marruecos y España quizá no comience en una sala diplomática.
Podría comenzar en el corazón de un marroquí que renuncia al odio, en el corazón de un español que renuncia al miedo, y alrededor de una misma mesa donde se sienten un historiador, un académico, un líder religioso, un representante de la sociedad civil, un periodista y un joven de cada una de las dos orillas.
Es quizá allí, precisamente allí, donde la Historia podría comenzar de nuevo.
Mohammed Aabidou
Presidente de la Fundación Adam para la Fraternidad Humana
