La mentalidad de la “Siba” en el corazón de la diáspora: ¿Quién protege a los vulnerables de la lógica del matonismo?

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La mentalidad de la “Siba” en el corazón de la diáspora: ¿Quién protege a los vulnerables de la lógica del matonismo?
Amin iharchain
Lo ocurrido hoy en el barrio de Can Anglada es un suceso doloroso que nos deja consternados y nos invita a reflexionar profundamente. La víctima, un hombre íntegro y humilde que convive con una discapacidad física, solo buscaba preparar el hogar para que su esposa pudiera reunirse con él y vivir en paz. Con cuatro meses de antelación, avisó a los jóvenes que comparten la vivienda que, para el mes de mayo, la casa debía quedar libre y lista para su propietaria. Sin embargo, la codicia y la falta de escrúpulos de algunos no conocen límites. Uno de ellos, creyéndose el “Rambo” del barrio, pretende imponer su fuerza en propiedad ajena, mientras que el otro, oculto tras una apariencia engañosa, resultó ser el verdadero instigador de esta traición.
Estos individuos no han respetado la edad, ni la discapacidad, ni el sagrado derecho de vecindad que dictan tanto la religión como la humanidad. El ataque de hoy fue de tal brutalidad que la víctima terminó en manos de los servicios de emergencia y la policía, con su hogar sumido en el caos. Lo único reconfortante en medio de este desorden fue la noble postura de los vecinos marroquíes, gente de principios que no guardó silencio ante la injusticia, así como el equipo médico que, con su profesionalismo, nos honra en el extranjero.
Tras despertar del estado de shock y presentar la denuncia correspondiente, pensamos que la situación se calmaría. No obstante, la traición persiste y la insolencia ha llegado al extremo de forzar la puerta, desafiando a las autoridades. Este incidente plantea una pregunta profunda: ¿Es esta la vida que queremos? ¿Es así como hemos llegado a tratarnos entre compatriotas fuera de nuestra tierra? El mundo parece haberse vuelto un lugar inhóspito, pero la ley existe y la justicia debe prevalecer por encima de todo.
La policía local y las instituciones intentan gestionar estos conflictos desde una perspectiva humanitaria y comunicativa, asumiendo que las partes comparten una misma nacionalidad. Sin embargo, lo que ignoran es que estos perfiles carecen de sentido de patria o pertenencia. Son individuos que viven en cualquier país bajo un esquema mental basado en el autoritarismo y un fanatismo tribal que nubla cualquier lógica legal o moral. La policía ha intentado mediar desde todos los ángulos, pero aquí la historia se complica cuando no todos son honestos y no todos buscan el bien para el país que los acoge. Que Dios nos proteja de la maldad de quienes respiran traición y ensucian la imagen de nuestra comunidad.
