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Sobre la convivencia perdida: ¿Por qué nos permitimos lo que les prohibimos a los demás?

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Sobre la convivencia perdida: ¿Por qué nos permitimos lo que les prohibimos a los demás?

Amin iharchain

​Lo que vivimos hoy en día nos obliga a reflexionar seriamente. No tiene sentido exigir el derecho a practicar nuestra religión libremente en todo el mundo y, al mismo tiempo, molestarnos cuando otros hacen lo mismo en su propia tierra y entre sus vecinos. Vemos cómo muchos musulmanes rezan en las calles de grandes ciudades de países no musulmanes y lo consideramos un derecho básico. Si alguien allí se queja, lo llamamos racismo u odio. Sin embargo, en nuestro propio entorno, algunos rechazan que los demás practiquen sus creencias e incluso realizan actos exagerados para “limpiar” el lugar, como si la presencia del otro fuera una mancha.
​Esta doble moral siembra el odio entre los jóvenes y alimenta el fanatismo. La verdadera limpieza empieza por quitar el odio de la mente, no por lavar paredes frente a las cámaras para buscar fama o “likes”. ¿Dónde estaba ese interés por la limpieza cuando los muros históricos estaban descuidados a diario? La verdadera fe se demuestra ayudando al huérfano, al pobre y tratando bien al vecino, no intentando controlar o juzgar la conciencia de los demás solo porque piensan diferente. Difundir este tipo de ideas en las redes sociales es manipular a la gente, haciendo creer que cualquier crítica fuera es un ataque a la religión, mientras que aquí se justifica la falta de respeto como una protección de la fe.
​Marruecos siempre ha sido una tierra de convivencia y diversidad. Respetar las creencias de los demás es una señal de educación y progreso. Cada persona debe ser libre en su forma de rezar y en su relación con Dios. El respeto a los espacios públicos y a las normas de convivencia debe ser igual para todos. Si aceptas rezar en las calles de Europa o América, debes aceptar con el mismo respeto la presencia de los demás en tu país. Esta contradicción nos aleja del progreso humano, mientras el mundo avanza con inventos y ciencia, nosotros nos quedamos atrapados en conflictos inútiles.
​Debemos entender que la humanidad está por encima de todo y que la religión es, ante todo, ética y buen trato. El lugar que realmente necesita ser limpiado es la mente que rechaza convivir con el diferente. Es hora de mejorar como personas y dejar atrás la hipocresía de permitirnos cosas que les negamos a otros. El espacio público es de todos, y la justicia y la igualdad son la base para vivir juntos en paz.

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