Can Anglada y la crisis de las asociaciones: entre los discursos de convivencia y la pérdida de la juventud

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Can Anglada y la crisis de las asociaciones: entre los discursos de convivencia y la pérdida de la juventud
Amin iharchain
Las preguntas que nos planteamos hoy sobre el barrio de Can Anglada no son meras reflexiones pasajeras, sino el diagnóstico de una amarga realidad que viven nuestros jóvenes entre los muros de las asociaciones religiosas y culturales, y la realidad de la calle y la escuela. Al analizar los discursos de estas asociaciones, los encontramos llenos de promesas de paz, convivencia y preservación de la identidad; sin embargo, el resultado sobre el terreno nos sacude con una juventud que vive en un extravío total, sin rumbo, sin valores y sin referentes. Esta flagrante contradicción nos obliga a indagar en lo que ocurre detrás de escena y en el fondo de los planes de estudio que se imparten a estos niños.
El verdadero problema radica en la siembra de un pensamiento cerrado que se basa en clasificar y rechazar al otro, y en juzgar a todo aquel que difiera del sistema en el que se cría el niño. Olvidamos que la mente infantil es, en sus inicios, una página en blanco moldeable según el entorno en el que vive, pero la verdadera crisis estalla cuando este niño empieza a crecer y a tomar conciencia. En ese momento, choca con una realidad vivida que difiere por completo de lo que le enseñaron en esos centros; se encuentra en la escuela pública compartiendo mesa y lecciones con sus compañeros Maria y Joan, y percibe el trato humano, justo y abierto de su profesora Àngela, que trata a todos por igual.
Este choque cognitivo sitúa al joven ante una encrucijada donde ninguna opción es fácil: o la ruptura y la rebeldía total contra todo lo religioso y moral —al verlo como un pensamiento excluyente que no encaja con la humanidad de su sociedad—, o el aislamiento y el extremismo. La realidad que debemos afrontar es que muchas de estas asociaciones se han transformado en entidades que solo buscan cumplir con programas establecidos y objetivos de carácter económico o de influencia social, dejando a los jóvenes perderse en medio de la nada. La reforma de la situación en el barrio de Can Anglada exige una revisión integral y profunda de la gestión de este tejido asociativo, así como la renovación de las mentalidades de sus responsables, para que la educación sea una herramienta de construcción y convivencia, y no una vía para aislar a la juventud y arrojarla al vacío.
