Tras las proclamas de ciudadanía: la realidad del tejido asociativo y político en los barrios de inmigración en Cataluña España

Larache Info
Tras las proclamas de ciudadanía: la realidad del tejido asociativo y político en los barrios de inmigración en Cataluña España
Amin iharchain
Quien siga de cerca la realidad de los barrios con alta densidad de población inmigrante en ciudades como Terrassa, Badalona o Mataró, percibirá una flagrante contradicción que refleja una profunda crisis; mientras proliferan las iniciativas, se multiplican las asociaciones y se elevan elocuentes proclamas sobre la “integración y la ciudadanía”, la realidad de los jóvenes en estos barrios es cada vez más marginal y precaria. Esta situación plantea grandes interrogantes sobre los verdaderos trasfondos de los movimientos que presenciamos sobre el terreno, especialmente con el auge de figuras de origen migrante que se arropan bajo la capa del tejido asociativo y benéfico, pero que lo utilizan como un puente para alcanzar intereses políticos y personales muy estrechos.
La primera manifestación de esta crisis se plasma en la fabricación de “falsas élites” que han impuesto una suerte de intermediación oportunista entre los residentes y las instituciones. En lugar de que los jóvenes de segunda y tercera generación se integren de manera directa y natural en su sociedad a través de la educación y el empleo cualificado, surgen estos actores para erigirse en portavoces del barrio, instrumentalizando las desgracias de los vecinos y sus dificultades habitacionales y sociales en sus discursos para ganarse la simpatía de los ayuntamientos. Mientras tanto, sus acciones sobre el terreno son prácticamente inexistentes, limitándose a encuentros protocolarios y fotografías estacionales en las redes sociales, cuyo único objetivo es justificar su presencia ante los financiadores y los responsables políticos.
Esta presencia constante nos conduce directamente a la dimensión económica, donde el tejido asociativo se ha transformado para algunos, pasando de ser un acto de entrega voluntaria y compromiso a un “negocio camuflado” y un activo comercial muy lucrativo que se nutre de los fondos de las subvenciones públicas y las ayudas. Se llega al extremo de encontrar a una misma persona o a su entorno familiar fundando múltiples asociaciones bajo distintas denominaciones para repartirse los roles y multiplicar las fuentes de financiación. Todo ello con un enfoque deliberado en proyectos superficiales, como festivales folclóricos y talleres efímeros, por ser fáciles de justificar en las memorias económicas, alejándose por completo de las batallas reales que atañen al futuro de la juventud, tales como la lucha contra el fracaso escolar, la provisión de una orientación profesional auténtica y el afrontamiento de la crisis de la vivienda.
Con la proximidad de cualquier cita electoral, esta influencia asociativa se convierte en una abierta moneda de cambio político. Los partidos locales acuden presurosos a estos barrios en busca de “rostros diversos” para rellenar sus listas y proyectar una falsa imagen de pluralidad. Es aquí donde los presidentes de las asociaciones asumen el papel de “comisionistas de votos”, comerciando con las esperanzas de los residentes y prometiéndoles el cambio a cambio del sufragio. Sin embargo, en cuanto se cierran las urnas y se anuncian los resultados, los jóvenes descubren que no fueron más que un granero electoral para elevar los índices de participación, mientras que aquellos que ascendieron en su nombre se concentran en mejorar su propia situación material y política dentro de los pasillos de los ayuntamientos y los consejos locales.
La auténtica integración no requiere de “guetos asociativos” que aíslen a los jóvenes y les hagan creer que son diferentes o que necesitan siempre de un intermediario o de una tutela especial. El joven que ha nacido y crecido en Cataluña merece una igualdad de oportunidades real en el mercado laboral, libre de discriminaciones estructurales, y un acceso directo a las instituciones como cualquier otro ciudadano, sin necesidad de la “bendición” o el favor del presidente de una asociación. Ante la ausencia de este compromiso genuino, las causas de estos barrios seguirán siendo meros expedientes comerciales e inversiones políticas que sirven a los intereses de quienes los gestionan, a menos que los propios jóvenes tomen conciencia de este juego y se impongan como ciudadanos directos de pleno derecho, lejos de los escaparates asociativos que medran a expensas de su futuro.
