Racismo en plena Fiesta Mayor: Cuando falta la educación y la autoridad vecinal calla

Larache info
Racismo en plena Fiesta Mayor: Cuando falta la educación y la autoridad vecinal calla
Amin iharchain
En medio de las celebraciones de la Fiesta Mayor en el barrio de Ca n’Anglada, en Terrassa, donde se supone que debería reinar la alegría y la convivencia, viví una experiencia amarga que saca a la luz la peor cara del racismo y la mala educación. Esta experiencia no me afectó solo a mí, sino también a un amigo de Mali y a otro amigo del propio barrio, quien nos había invitado amablemente a sentarnos en la terraza de un restaurante para disfrutar de la música y del ambiente festivo.
Mientras estábamos sentados tranquilamente, nos sorprendió un comportamiento totalmente inmoral e irrespetuoso por parte de una camarera del local. Se acercó y, de forma muy descarada, retiró nuestras consumiciones, empezó a recoger las sillas y a barrer el suelo justo donde estábamos, en un claro intento de echarnos y humillarnos delante de todos.
Este acto tan provocador hizo que uno de los clientes presentes, que estaba allí con su novia, interviniera con valentía. Se enfrentó a la camarera diciéndole textualmente:
”¿Qué es esto que estás haciendo? ¿No te da vergüenza? Lo que haces no tiene nada que ver con la moral ni el respeto. Has actuado con mucha maldad”.
La respuesta de la camarera estuvo llena de soberbia y excusas baratas. Dijo: “Queremos recoger las sillas y ellos están aquí sentados sin sentido”. En ese momento, no me quedé de brazos cruzados. Me levanté y le pregunté directamente: “¿Eres consciente de lo que estás diciendo? ¿Te parece que este comportamiento es ético?”.
La camarera intentó por todos los medios caldear el ambiente y culparme a mí, buscando ponerme en el punto de mira. Sin embargo, mantuve la calma y dialogué con ella de manera educada ante la mirada de todos los presentes. Pero la cosa no quedó ahí. Me dirigí al dueño del restaurante y le dije claramente: “Tu empleada ha tenido un comportamiento inmoral y no voy a permitir que esto pasé por alto”. Lo más extraño y vergonzoso de la situación es que el dueño estuvo presente todo el tiempo, escuchando y viendo lo que pasaba sin mover un solo dedo.
Tras investigar un poco sobre el asunto, descubrí una gran sorpresa: el dueño del restaurante es el presidente de la asociación de comerciantes de Ca n’Anglada. Y aquí es donde radica la verdadera gravedad del asunto.
Siempre he defendido en mis escritos que el tejido asociativo es el motor principal en todos los ámbitos. Sin embargo, parece que hoy en día este sector se ve a sí mismo como un “poder” por encima de los demás, o como un puente de intereses entre políticos y activistas vecinales que se creen dueños de una autoridad que les permite tapar este tipo de abusos.
La paradoja más irónica y dolorosa de esta historia es que la propia camarera es de origen inmigrante (de la República Dominicana). Y ante esto me pregunto: ¿En qué clase de mundo estamos viviendo? ¿Cómo es posible que un inmigrante ejerza el racismo contra otro inmigrante?
Lo que pasó en esa terraza no tiene nada que ver con la cultura ni con la diversidad. Es, en pocas palabras, una falta total de educación y una ausencia absoluta de responsabilidad moral y comunitaria. No nos vamos a callar ante este tipo de conductas que destruyen los valores de la convivencia.
