Mercaderes de la miseria y máscaras de hipocresía

Mercaderes de la miseria y máscaras de hipocresía
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Amin iharchain

Lo que vemos hoy en día, con la explotación de la necesidad de los migrantes más vulnerables, es una mancha de vergüenza que va más allá del delito; es la cumbre de la degradación moral. Mientras el migrante humilde lucha por legalizar su situación, aparecen “intermediarios” (shnaga) que trafican con empadronamientos y promesas falsas. Venden humo a quienes no tienen más que esperanza, cobrando sumas desorbitadas que alcanzan los mil euros. Estos individuos viven del engaño y la estafa, saqueando el sudor de personas que se encuentran al límite en el extranjero.
Lo más doloroso es que esta traición no se limita al estafador de la calle, sino que se extiende a personas que se esconden tras trajes oficiales. Son aquellos que presumen de transparencia e integridad, pero que en realidad son meros instrumentos al servicio de funcionarios en administraciones hundidas en la hipocresía. Elevan consignas de “servicio al ciudadano” en público, mientras practican el clientelismo y la traición en la sombra, convirtiendo los derechos básicos en mercancía para quien más pague. Acumular dinero a costa de los débiles y construir un futuro con ganancias ilícitas no es astucia, es una traición a la confianza y una puñalada por la espalda a la patria y al ciudadano. La emigración es dura y difícil, pero su dureza es nada comparada con la amargura de encontrar a alguien de tu propia sangre que te vende y te compra mientras te sonríe y finge virtud.
