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La ciudadanía sobre el hierro: la neutralidad de los furgones fúnebres

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La ciudadanía sobre el hierro: la neutralidad de los furgones fúnebres

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Amin iharchain

​Marruecos no es solo un punto en el norte de África, sino una entidad con raíces profundas en el extremo occidental del continente. Posee una historia milenaria que precede por siglos a la llegada de los árabes y sus conquistas. Los primeros dueños de esta tierra fueron los amazigh, quienes convivieron con diversas religiones y culturas. Hoy, en Marruecos, encontramos musulmanes, judíos, cristianos y personas que abrazan la libertad de culto. Esta diversidad nos obliga a ser realistas y sinceros con nosotros mismos al debatir los detalles de nuestra vida pública, como el caso de los furgones fúnebres que ha generado polémica recientemente.
​El hecho de colocar nombres sagrados o lemas religiosos en color verde sobre la carrocería de un coche fúnebre no determina el destino de una persona tras su partida, ni le otorga un pase al paraíso. La piedad y la fe residen en el corazón y en las buenas obras, no en inscripciones puestas sobre un medio de transporte. Resulta paradójico encontrar a quienes defienden con ferocidad unas letras escritas en un vehículo, mientras en su vida diaria se permiten todo lo que beneficia su interés personal. Son los mismos que reparten certificados de odio contra todo aquel que piensa diferente, como si fueran dueños de la verdad absoluta.
​Si regresáramos a las épocas antiguas y a los relatos en los que se apoyan, no encontraríamos ninguna mención a coches fúnebres decorados con frases específicas. Estas manifestaciones no forman parte de la esencia de la religión; son simples ideas heredadas y acumulaciones temporales impuestas con astucia para consolidar una lengua y cultura llegadas del Este. Son tradiciones humanas disfrazadas de sagradas, cuando la realidad dicta que la dignidad del difunto no necesita de consignas externas.
​El Estado tiene el derecho, e incluso el deber, de tomar decisiones que garanticen la neutralidad de los servicios públicos. Los furgones fúnebres forman parte de esta política general. Esta neutralidad es el máximo respeto a la creencia de cada marroquí y a su trayectoria personal en la vida. No es justo que todos sean conducidos como un “rebaño” único, imponiéndoles símbolos religiosos en sus últimos momentos. Alejar la religión de la gestión de los asuntos públicos en estos detalles es un reconocimiento explícito de que la patria es de todos, y de que la dignidad del fallecido se preserva respetando su privacidad y su historia sobre esta tierra milenaria.

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