Mezquita Badr y el plato de Harira: una lectura sobre la ética del ayunante

Mezquita Badr y el plato de Harira: una lectura sobre la ética del ayunante
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Amin iharchain
El verdadero pecado no siempre reside en el desconocimiento de los ritos, sino que se manifiesta claramente en nuestros comportamientos diarios que contradicen la esencia de la fe. Lo que me llamó la atención hoy, mientras observaba el reparto de “Harira” para las personas que ayunan por parte de la Asociación Cultural Islámica de la Mezquita Badr en la ciudad de Terrassa, es cómo muchos caen en un error social y religioso al mismo tiempo. Estamos viviendo los días del mes del perdón y la devoción, un tiempo en el que se supone que deberían brillar los más altos valores de paciencia, civismo y serenidad.
Uno de los pilares fundamentales del Islam es la “ética”, un concepto humano universal compartido por todas las personas, independientemente de sus creencias. El ser humano es un ser vivo al que Dios ha dotado de razón para pensar en cómo vivir con dignidad y respeto hacia sí mismo y hacia los demás. La adoración que no se refleja en la conducta de un individuo en la calle carece de espíritu. Sin embargo, lo que vemos hoy en la realidad práctica difiere totalmente de lo que escuchamos en los discursos religiosos y sociales dentro de la comunidad catalana, que siempre se centran en los valores de fraternidad y elevación espiritual.
Hablamos mucho en nuestras conferencias y mezquitas sobre la “convivencia e integración” como pilares básicos para nuestra estabilidad en este país, pero estos conceptos siguen siendo papel mojado si no se traducen en un comportamiento civilizado y organizado. Las escenas de empujones o la falta de orden ante las puertas de la mezquita por un plato de comida dañan la imagen del musulmán y atentan contra la esencia de la integración ante nuestros vecinos de la comunidad local. La verdadera integración no comienza con las leyes, sino con el autocontrol y el respeto al orden público, porque la razón que nos guía hacia la oración es la misma que debe guiarnos para ser ciudadanos ejemplares que reflejen la nobleza de su fe en cada movimiento.
