Los musulmanes en España y las futuras generaciones: El peligro de la alienación intelectual y las fatuas transfronterizas

Los musulmanes en España y las futuras generaciones: El peligro de la alienación intelectual y las fatuas transfronterizas
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Amin iharchain
La cuestión de determinar las fechas de los ritos religiosos en España, como el inicio del Ramadán y el Eid al-Fitr, es un espejo que refleja un estado de fragmentación en el ámbito religioso. Mientras que la lógica geográfica, legal y demográfica dicta seguir una visión local que armonice con el entorno cercano como Marruecos, encontramos que muchas instituciones oficiales permanecen vinculadas a referentes en el mundo árabe y Oriente Medio. Este vínculo hace que el musulmán en España viva con su cuerpo en Europa y su mente en entornos lejanos, lo que genera una especie de alienación intelectual y debilita la capacidad de construir un “Islam español” que armonice con la Constitución local y la realidad de la ciudadanía.
La problemática radica en la ausencia de un consejo científico unificado que posea independencia en la toma de decisiones y la valentía para ejercer el razonamiento jurídico (Ijtihad) de acuerdo con la realidad vivida. La dependencia financiera o ideológica de partes externas hace que la decisión religiosa sea un mero eco de aspiraciones transfronterizas, en lugar de centrarse en las necesidades de la comunidad residente en suelo español. Esta situación no se debe a la falta de competencias científicas, sino a la hegemonía de fatuas de clérigos que no comprenden las complejidades de la vida en Occidente, lo que conduce finalmente a una discrepancia en los ritos que genera confusión en las familias que poseen estrechos vínculos a ambos lados del Mediterráneo.
El verdadero peligro de esta dependencia absoluta se manifiesta claramente al mirar hacia la juventud y las futuras generaciones. Si estos jóvenes crecen creyendo que su referente espiritual siempre se encuentra fuera de las fronteras de su país, nos enfrentaremos a una generación que sufre de una identidad fracturada. Este vacío en el “liderazgo local” abre la puerta a la hegemonía de grupos que pueden adoptar un pensamiento cerrado que dañe su proceso de integración y reduzca su eficacia dentro de la sociedad. Proteger a estos jóvenes requiere construir un campo religioso nacional que concilie las constantes de la religión con el espíritu de las leyes españolas, para asegurar un futuro intelectual seguro y estable para los musulmanes en España.
