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Comportamientos de selva en el extranjero: El Reino es inocente del caos de las mentes

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Comportamientos de selva en el extranjero: El Reino es inocente del caos de las mentes retrógradas

Amin iharchain

​Lo que estamos presenciando frente al Consulado General del Reino de Marruecos en Almería, en términos de caos y altercados, provoca tristeza y asco al mismo tiempo. Estos hechos reflejan un fallo estructural en la mentalidad de un sector de inmigrantes cuyas conductas parecen no tener cabida en ningún lugar del mundo. Estas personas y sus familias viven en una extraña ilusión, creyendo que están en un “paraíso” por encima de la ley simplemente por estar en Europa, a pesar de que sus acciones vergonzosas delatan un profundo desconocimiento de los valores de la civilización. Lo más sorprendente es que la mayoría de ellos todavía vive bajo los delirios de un “estilo de conquistas” del pasado, pensando que la obtención de derechos o la autoafirmación solo se logran mediante gritos, peleas y demostraciones de fuerza física, como si estuvieran en un campo de batalla y no en una oficina administrativa que representa la soberanía de su Estado.
​Este modelo de personas representa una pesada carga para la reputación de Marruecos, que se desvincula totalmente de estos comportamientos heredados de épocas de opresión e ignorancia. Mientras el Reino se esfuerza por construir la imagen de un Estado moderno y avanzado que compite con las grandes potencias, este grupo arrastra la historia hacia atrás con imágenes que ofenden a todo marroquí honorable. No han sido capaces de comprender que la ciudadanía es elegancia en el trato antes que un pasaporte, y que vivir en un país europeo requiere una educación de la que carecen esas mentalidades de “selva” a las que se aferran. Se perjudican a sí mismos, a sus familias y a su patria, confirmando que el fallo no está en las leyes o en los derechos que se les han otorgado, sino en almas que se niegan a liberarse de los sedimentos del caos.
​Por lo tanto, el Estado español debe actuar con seriedad y firmeza contra cualquiera que intente imponer su ley heredada mediante la fuerza, y poner fin a estos saboteadores aplicando la ley estrictamente y sin excepciones. La indulgencia de las autoridades en algunas ocasiones es lo que ha permitido que estos grupos persistan en imponer su propia lógica, mientras que el deber exige proteger el orden público y la imagen de la comunidad disciplinada con mano de hierro. Quien elige vivir en una sociedad democrática debe respetar sus normas o asumir las consecuencias legales, porque callar ante este caos es una injusticia contra la gran mayoría de inmigrantes que respetan las leyes y buscan construir una vida digna y civilizada.

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