Chiringuitos asociativos y el yugo del tribalismo: Radiografía de una crisis local en los barrios de Terrassa

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Chiringuitos asociativos y el yugo del tribalismo: Radiografía de una crisis local en los barrios de Terrassa
Amin iharchain
Un tramo de una de las calles del barrio de Ca n’Anglada, en Terrassa, registró un notable despliegue policial tras la intervención de varias patrullas de la Policía Municipal. El motivo fue mediar en una acalorada disputa surgida entre dos familias residentes
Los barrios con mayor índice de población inmigrante en la ciudad de Terrassa, con Ca n’Anglada a la cabeza, viven sumidos en una flagrante paradoja y una profunda contradicción entre la realidad que los vecinos sufren día a día y las rimbombantes consignas que estas entidades publican en sus plataformas digitales y memorias oficiales. Un diagnóstico preciso de lo que acontece en este barrio nos remite, inevitablemente, a un mal estructural: la asimilación del interés público y comunitario en favor de agendas y beneficios puramente particulares. Desde hace ya bastante tiempo, resulta evidente que un sector del tejido asociativo local —autoproclamado como “asociaciones de inmigrantes”— se ha desviado por completo de su supuesta misión social y humanitaria. Estas entidades, que pregonan a bombo y platillo la defensa de valores como la integración, la convivencia y la ciudadanía, han mutado en la práctica en auténticas “asociaciones con fines de lucro y mercantiles”. La gravedad de este fenómeno radica en su pericia para diseñar minuciosamente proyectos sobre el papel e incluirlos en programaciones anuales con una astuta —y sospechosa— estrategia de comunicación; todo ello con un único y claro objetivo: presentarlos ante las autoridades competentes (ya sea el propio Ayuntamiento de Terrassa, administraciones centrales o los consulados de sus países de origen) para captar subvenciones, financiación y un estatus de influencia socio-política, sin que dichas actividades dejen huella alguna ni beneficio real en el día a día de los vecinos del barrio.
Esta cadena de irregularidades no se limita al ámbito cultural o social, sino que extiende sus tentáculos de forma preocupante sobre el terreno religioso, una esfera sumamente sensible al estar estrechamente vinculada con la identidad y los valores espirituales de la comunidad. Quien observe con atención los entresijos de este sector en Terrassa vislumbrará con total nitidez un escenario de tribalismo y nepotismo institucionalizado, donde facciones muy concretas controlan el terreno, imponen sus propias directrices y gestionan los asuntos religiosos bajo una estricta lógica de exclusión y amiguismo vecinal y regional. El hecho de que la dinámica tribal y familiar dicte la gestión de los lugares de culto y de las juntas directivas que los presiden despoja a estos espacios de su carácter sagrado y de su función unificadora. En lugar de ser centros de encuentro, fraternidad y crecimiento ético para la comunidad islámica de Terrassa, se han convertido, debido a estas mentalidades caciquiles, en feudos de poder utilizados para labrarse un falso prestigio social y rédito personal bajo el paraguas de la fe, profundizando la brecha en el seno de la propia comunidad y provocando el desapego y la alienación de las generaciones más jóvenes.
Este alarmante panorama plantea serios interrogantes sobre la legitimidad de tales plataformas. La legislación vigente, por su propia naturaleza, ampara y dota de pleno derecho al asociacionismo —tanto cultural como religioso— para operar y recibir apoyo público siempre y cuando se gestione con seriedad, transparencia y rigor, siendo el trabajo honesto merecedor de todo reconocimiento. Sin embargo, lo que se palpa en las calles de Terrassa desmiente categóricamente la idílica estampa que estas asociaciones proyectan de puertas hacia fuera. ¿Cómo se explica, lógica y éticamente, que una entidad que abandera la integración de los inmigrantes en la sociedad de acogida esté estructurada internamente sobre el clientelismo, los vínculos dinásticos o el tribalismo de origen? La mayor de las contradicciones en las que incurren estas organizaciones es la práctica de una exclusión sistemática contra aquellos ciudadanos y vecinos que no pertenecen a su círculo hermético de beneficiarios, transformando la asociación: de ser una herramienta de cohesión y mediación social, pasa a ser un agente de división que cronifica el aislamiento de la población.
Si se abrieran y fiscalizaran minuciosamente los archivos del ámbito asociativo en la ciudad de Terrassa, saldrían a la luz innumerables irregularidades que van mucho más allá de una pésima gestión administrativa y financiera, alcanzando la instrumentalización de las necesidades y de los expedientes más vulnerables de la comunidad. Ante este escenario, la regeneración de este tejido asociativo requiere, de manera imperativa, activar dos vías coordinadas: por un lado, endurecer la fiscalización y las auditorías a posteriori por parte de las instituciones catalanas y españolas para garantizar que los proyectos aprobados “en papel” se correspondan fielmente con el impacto real sobre el terreno en Ca n’Anglada, velando asimismo por la democratización interna de los centros culturales y religiosos. Por otro lado, es crucial despertar la conciencia crítica de los propios vecinos para rechazar el paternalismo, el oportunismo y el tribalismo excluyente, impulsando y empoderando a una nueva generación de jóvenes profesionales e independientes que recojan el testigo y devuelvan la dignidad al voluntariado real: aquel que antepone siempre el bienestar del barrio y de la ciudadanía a cualquier ambición personal.
